Martes, 25 de enero de 2005
Les juro a ustedes por mis muertos que yo no sab?a qui?n era Beckham. Supongo que alguna vez, hojeando revistas a la hora de los crispis y el colacao, me hab?a topado con su careto. Digo que supongo, porque la verdad es que no lo s?. Para m? todos los futbolistas son iguales, y lo mismo me da un negro que un hijoputa de blanco. La leg?tima del balompedista, la Spice pija esa, o ex, o lo que sea, s? que me sonaba de verla en la tele hace a?os -tengo una hija, h?ganse cargo-, cuando estaba con las otras, que eran, me parece una anor?xica, una deportista y una pelirroja, o por ah?, y las discogr?ficas sacaban cada semana un grupo de pavas imit?ndolas, al rebufo del asunto. Pero en fin. El caso es, como digo, que mi vida transcurr?a hasta hace unas semanas con absoluta normalidad, ignorante de qui?n era Beckham, su arte futbolero, la pasta que gana y lo guapo que es el t?o. Y de pronto, zaca, me cae un diluvio de informaciones sobre el fulano, fotos, reportajes, y hasta abren con ?l los telediarios para contarme que acaba de visitar una guarder?a o un asilo o algo en Jap?n. Y no puedo menos que preguntarme c?mo he podido vivir hasta hoy, escribir novelas y art?culos, ir por la vida, en resumen, sin saber nada de ese individuo; sin el que -acabo de descubrirlo- el Real Madrid, Espa?a, el mundo, la existencia misma, no ser?an lo que son. Y mucho me temo que de ahora en adelante, me interesen o no el f?tbol, las spices pijas y las guarder?as japonesas, Beckham formar? parte de mi vida para siempre jam?s. Que voy a tragar Beckham por un tubo, me guste o no me guste. Por cojones.

Ignoro lo que mi primo era antes para el mundo. Para m?, sujeto paciente del bombardeo, acaba de nacer, alehop, otra estrella. Otro nombre imprescindible del que todo cristo da por supuesto -quiz? sea cierto a partir de ahora, y es lo que me preocupa- que deseo, exijo, necesito saberlo todo. Y no digo, achtung, que mi extrema ignorancia sobre la vida y milagros de ese digno deportista le reste un gramo de m?rito. No. Lo que pasa es que todo el putiferio montado en torno al personaje me lleva a reflexiones inc?modas. Verbigracia. ?C?mo es posible que, de la noche a la ma?ana, algo o alguien -hablo de Beckham como podr?a hacerlo de los restaurantes sushi- desconocido para m? se convierta en objeto de culto apasionado o al menos de inter?s por mi parte? ?De verdad soy el ?nico que no se hab?a percatado hasta ahora del carisma de mi primo? ?Soy tan idiota como parezco, hojeando revistas cada ma?ana como un loco para informarme sobre un fulano que, juegue en el Madrid, juegue en el Mindanao o juegue a la bolsa, me importa literalmente un carajo? Y ahora que los peri?dicos meten a Bustamante y los desfiles de modas en las p?ginas de Cultura -imagino que el f?tbol est? al caer-, ?me habr? vuelto un inculto recalcitrante y postmoderno?

Vaya usted a saber. Lo cierto es que ya hay otro famoso del que ya no me voy a despegar ni con agua caliente. Aunque haya clases. Al menos ?ste no cobra por calzarse a Marujita D?az, sino por ser, dicen, competente en su oficio. Y hablando de la consistencia de la fama estelar, aunque tenga poco que ver con esto -en el fondo s? lo tiene-, me estoy acordando, mientras tecleo, del debut de Enrique Iglesias como cantante, hace unos a?os. De mi asombro patedefu? ante el hecho de que un jovenzuelo a quien nadie hab?a o?do cantar fuese acogido, antes ya de abrir la boca, con delirio de fans y prensa a tope, cual Mike Jagger. Como, por no salir de la copla, mi estupefacci?n cada vez que veo en la tele a ese pedazo de sex simbol y extraordinaria vocalista llamada Paulina Rubio, pase?ndose delante de un p?blico enfervorizado que le arroja calzoncillos y dice que est? buen?sima. O sea. Hablo de todos esos innumerables fulanos y fulanas que van y vienen, alimentando la maquinaria medi?tica que se los sac? de pronto de la manga. En realidad, que tengan todos los m?ritos del mundo o sean unos pobres ti?alpas, nada tiene que ver. F?jense en todas esas marujas desencadenadas, presuntas respetables matronas con hijos y nietos, que lo mismo aplauden a Jos? Saramago que a Coto Matamoros, o le piden aut?grafos a Yola Berrocal mientras la besan y la llaman bonita. No hablo de canci?n, ni de f?tbol, ni de nada. S?lo de estupidez humana. De la m?a y la de ustedes. De la alt?sima cuota diaria de baba que este pa?s de soplapollas necesita derramar para sentirse a gusto.

822/27-07-2003- El Semanal- Arturo P?rez-Reverte
Publicado por .AuStRaLiA. @ 15:14  | Otros
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