martes, 01 de febrero de 2005
El desenlace: El caballo de Troya


Cansados los soldados del ejército griego de la duración del sitio de Troya (10 años) pedían a sus generales que les reintegraran a sus hogares.

Ulises concibió la estratagema de construir un caballo enorme capaz de albergar en su vientre un batallón. Al mismo tiempo hicieron correr el rumor de que desistían de su empeño de tomar a Troya y que aquel caballo era una ofrenda a Minerva para obtener un feliz retorno a su patria y aplacar la indignación de la diosa por el robo del paladio.

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Después de haber introducido en el vientre del caballo trescientos guerreros escogidos, entre los cuales se contaban Ulises, Pirro, Estanelo y Menelao, ocultaron sus naves a poca distancia de la orilla. Al saberse en la ciudad la retirada de los enemigos, las puertas se abrieron de par en par y contemplaron con extrañeza la ofrenda hecha a Minerva y la corpulencia del caballo.

Algunos pidieron que fuese introducido en la ciudadela; otros que le prendieran fuego. Laocoonte, hijo de Príamo y de Hécuba,
gran sacerdote de Neptuno, diciéndoles que tras los maderos se escondían soldados enemigos y que era una trampa de Ulises, disparó un dardo contra el vientre y los flancos del monstruo. El dardo se clavó y arrancó ruido de armas pero el pueblo no le
concedió ninguna importancia.

Unos pastores frigios presentaron al rey a un joven desconocido con las manos atadas detrás de la espalda. Este, se había puesto él mismo en sus manos y era un griego, hechura de Ulises, que él mismo había amaestrado para el papel que debía desempeñar. Se llamaba Sinón y era hijo de Sísifo.

Convenció a Príamo que el embarque de los griegos no era una ficción y que al construir un caballo de tamaño tan colosal sólo intentaban impedir que pudiesen introducirlo en la ciudad y si alguna vez conseguían emplazarlo en la ciudadela, los griegos no intentarían jamás atacar de nuevo a los troyanos.

Dos serpientes de unas dimensiones monstruosas que habían salido de Tenedos, atravesaron el brazo de mar que separa esta isla de la tierra firme, se lanzaron sobre Laocoonte y sus dos hijos y los destrozaron a dentelladas. Después se dirigieron al templo de Minerva y se escondieron tras de su escudo.

Este fin trágico se supone que fue una venganza de Minerva. (Esta leyenda sirvió de tema para el más bello grupo escultórico legado por la antigüedad. Este grupo fue ordenado por Tito a tres escultores, Agesandro, Polidoro y Atenodoro. Fue encontrado en Roma en 1506 en los baños de Titus. Se conserva en el Vaticano.)

Asombrados, los troyanos quitaron las cadenas a Sinón dejándole en libertad y derrumbaron un trozo de muralla para abrir paso a la máquina. Mientras, la flota griega se acercó a la ribera y mientras los troyanos dormían, Sinón se dirigió al caballo, abrió la puerta en su costado y facilitó el descenso a los soldados que ocuparon los puestos estratégicos. La armada penetró en la ciudad, le prendió fuego, la saqueó e hizo una espantosa mortandad entre sus habitantes.

Pirro mató a Polites hijo de Príamo, se lanzó sobre Príamo y lo mató ante el altar de Júpiter. Uno solo de los hijos de Príamo, Heleno, fue exceptuado de la matanza, gracias a su condición de adivino. Antenor, Anquises y Eneas fueron también perdonados porque siempre reprobaron la conducta de Paris y habían aconsejado que Helena fuese devuelta a su esposo. Hecuba, viuda de Príamo, sus hijas Casandra y Polixena, y Andrómaca, viuda de Héctor, fueron hechas prisioneras.
Publicado por Desconocido @ 12:02
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