Martes, 15 de febrero de 2005
Acabo de recibir el primer aceite del a?o, que me env?an los amigos: aceite de oliva virgen, decantado y limpio tras su recolecci?n hace un mes o dos. Siempre me llegan por estas fechas algunos litros embotellados y enlatados que atesoro en la bodega, y que ir?n cayendo poco a poco, durante los pr?ximos meses, con mucha mesura y respeto. Y tiene gracia. Soy todo lo contrario a un gourmet. Como y bebo lo justo. Pero antes, con la juventud y las prisas del oficio y esas cosas, todav?a le daba menos valor a la cosa gastron?mica. Tomaba aceite con tostadas, o ech?ndolo a la ensalada, o con huevos fritos, sin reparar demasiado en ello. Quienes, como yo, comen casi de pie, ya saben a qu? me refiero. Lo que pasa es que luego, poco a poco, con el tiempo y la calma, cuando la mirada en torno y hacia atr?s suele ser de m?s provecho, empec? a advertir ciertos matices. A valorar cosas de las que antes pasaba por completo. En lo del aceite de oliva result? decisivo mi amigo y compadre Juan Eslava Gal?n, que es autoridad aceitil ?en el buen sentido de la palabra?. Y no es que me haya vuelto un experto; pero es verdad que ahora, cuando abro una botella o una lata y echo un chorrito de ese l?quido arom?tico, dorado y transparente, s? muy bien lo que tengo delante. Y me encanta.

No se trata de aceite nada m?s, ni de comida, ni de cocina. El aceite de oliva forma parte no s?lo de nuestra mesa, sino de la memoria, de la cultura y hasta de la verdadera patria, si entendemos as? ese lugar viejo, sabio, generoso, llamado Mediterr?neo: esa bulliciosa plaza p?blica donde naci? todo, en torno a las aguas azules por las que ya viajaban, hace diez mil a?os, naves negras con un ojo pintado en la proa. Hablo del lago interior que nos trajo dioses, h?roes, palabra, raz?n y democracia. Del mar de atardeceres color de vino y de orillas salpicadas de templos y olivos, donde se fundieron, para alumbrar Europa y lo mejor del pensamiento de Occidente, las lenguas griega, latina y ?rabe. Un crisol de donde saldr?a el espa?ol que hoy hablan cuatrocientos millones de personas en el mundo. Hablo del mar propio, nuestro, que nunca fue obst?culo, sino camino por donde se extendieron, fundi?ndose para hacernos lo que somos, Talmud, Cristianismo e Islam. No es casual que todav?a hoy los pueblos b?rbaros ?fil?sofos, escritores y cient?ficos no alteran el concepto hist?rico, pues nunca lo habr?an sido sin la madre nutricia? sigan friendo con grasa y manteca.

Creo que quienes califican, sin matices, el acto de comer de acto cultural equiparable a visitar un museo, son unos tarugos y unos simples. Sobre todo si observas a ciertos comensales: su conversaci?n, sus maneras y hasta su forma de repantigarse en la silla. La cultura nada tiene que ver con ellos, tanto si engullen solomillo como si mastican una p?gina de los di?logos de Plat?n. Pero es verdad que algunos aspectos de la gastronom?a s? tienen mucho que ver con la cultura. Salud y cocina aparte, consumir aceite no es un acto banal. Es, tambi?n, participar de un rito y una tradici?n seculares, hermosos. El curr?culum de ese bello l?quido dorado es impresionante: zumo del fruto del olivo ?la seit?n ?rabe? y del trabajo honrado y antiguo del hombre, ya era parte de los diezmos que el Libro de los N?meros recomendaba reservar a Dios. Tambi?n se utilizaba en la consagraci?n de los sacerdotes y los reyes de Israel, y m?s tarde ungi? a los emperadores del Sacro Imperio y a los monarcas europeos antes de su coronaci?n. Y en sociedades de origen cristiano, como la nuestra, el aceite estuvo presente durante siglos, tanto en la unci?n del nacimiento como en la extrema unci?n de la muerte. La costa mediterr?nea est? jalonada por ?nforas olearias de innumerables naufragios, y los viejos textos abundan en alusiones: el Deuteronomio llama a Palestina tierra de aceite y miel, Homero menciona el aceite en la Il?ada y en la Odisea, Arist?teles detalla su precio en Atenas, y Marcial, que era romano e hispano ?esa Hispania que algunos imb?ciles niegan que haya existido nunca?, pone por las nubes el aceite de la B?tica. Y todo eso, de alg?n modo, se contiene en cada chorrito de aceite que ponemos sobre una humilde tostada. As? que, por una vez, perm?tanme un consejo: si quieren disfrutar m?s del aceite de oliva de cada d?a, piensen un instante, cuando lo utilicen, en todo lo que significa y lo que es. Luego vi?rtanlo con cuidado y mucho respeto, procurando no derramar una gota. Ser?a malversar nuestra propia historia.

El Semanal-Arturo P?rez-Reverte, 12-2-2005
Publicado por .AuStRaLiA. @ 15:27  | Otros
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el aceite es alegr?a l?quida y yo no concibo la vida sin aceite. El rey del aceite es el aceite de oliva, el m?s alegre de todos, que proporciona sonrisas sin pedir nada a cambio. http://bulevardelmoco.blogcindario.com
Publicado por Invitado
Martes, 15 de febrero de 2005 | 23:45