Hoy es 11 de marzo, vaya novedad, no será porque no lo dicen. Hoy hará un año del fin de la vida de 192 personas. Más de doscientas siguen rehabilitandose y 3.000 continúan con tratamientos sicológicos y siquiátricos de algún tipo. Un año después se recuerda más vivamente los sentimientos de aquel día, un año después me acuerdo y se me siguen cayendo las lágrimas. Atocha, Santa Eugenia y el Pozo fueron los escenarios del atentado más grave la historia de España y de Europa. El mundo volvió temblar como en el 11 S pero esta vez no era una cosa de americanos, era una cosa de los vecinos, amigos, primos... El 11 S fue asombro, el 11 M fue dolor.
Hace un año por estas fechas yo estaba de prácticas en RNE (para el que no lo sepa Radio Nacional de España, la radio pública) y estuve un rato de telefonista. No se porque las personas usan a RNE y TVE como televisión y radio publicas, como servicios precisamente, eso, públicos y llamaban familiares de desaparecidos. Es cierto que era en el centro territorial de Castilla y León pero es que en Valladolid hay mucha gente con familia en Madrid, con gente que cogían esos trenes.
Fue un día extraño, un algo raro, una corazonada me hizo encender la tele antes de salir hacia la radio y ya daban las explosiones, eran las 8:15 de la mañana del 11 de marzo. No daban ni siquiera heridos y cuando llegué a RNE ya habia 60 muertos. La escena que vi cuando entré por la puerta no la puedo describir, todo el mundo, técnicos y redactores se amontonaban alrededor de la tv, los boletines locales se suspendieron y por lo tanto sólo había que mirar la tele mientras los teléfonos sonaban con llamadas de familiares de víctimas. Mi jefa, una persona que lleva más de 30 años trabajando como periodista no podía contener las lágrimas ante las imágenes del polideportivo lleno de heridos tendidos en el suelo.
Fueron 3 horas de shock hasta que se dió cuenta aquella mujer de que tenía que hacer el informativo de la 13:30 horas y sólo le quedaba hora y media para tener todo. Las previsiones se habían ido a la mierda así que había que reorganizarlo todo: buscar reacciones de políticos regionales, buscar las concentraciones de dolor, etc. Me tocó la estación de tren, el manifiesto de los trabajadores de RENFE en Valladolid, y 5 minutos de silencio, declaraciones de los sindicatos y de la gente que estaba allí.
No lo había pasado peor en toda mi vida, y dudo mucho si finalmente consigo dedicarme al periodismo que viva otro día tan intenso como ese. Con tantas ganas de llorar, con tanta rabia contenida, con tantas ganas de abrazar a todo el mundo por la calle. La gente se miraba con solidaridad, con compasión y amabilidad.
Ese día cambió la manera de pensar pero sobre todo de sentir de este país. España despertó con las manifestaciones del viernes siguiente, las concentraciones 'ilegales' del sábado y el vuelco electoral del domingo. Se demostró que se puede ser muy noble en la desgracia, se pudo ver como España por una vez se ponía de acuerdo sin importar la nacionalidad.
Un año después sabemos que todo esto no acabará nunca hasta que la gente que lo vivió no muera. Y es que los días que cambian la historia deben permanecer en la memoria, para no repetirlos o para repetirlos, depende de su naturaleza. Nada más por ahora, en política ya me meteré mañana o pasado, hoy hay que recordar la historia.