Lunes, 18 de abril de 2005
Todav?a quedan flores a uno y otro lado de la carretera, y los campos manchegos a?n no est?n del todo abrasados por el sol del verano. De Argamasilla de Alba a Sierra Morena, el viajero que sigue la ruta de don Quijote, el recorrido inmortal de la primera y la segunda salidas del hidalgo, se enfrenta a la desilusi?n propia de cuando uno emprende en Espa?a esta clase de cosas. En Francia, por ejemplo, pueden seguirse las huellas de la historia o de la literatura a simple vista; y en cuanto a Inglaterra, la mitad de su oferta tur?stica vive de Shakespeare y la otra mitad de Nelson. Espa?a es otra cosa, claro. Aqu? vivimos de las playas, de la sangr?a y los discobares bajunos para chusma guiri. Alguna vez les he contado que en el barrio de Madrid donde se imprimi? el Quijote, donde est? enterrado su autor, y donde vivieron, a pocos pasos unos de otros, Cervantes, Lope, Calder?n, Quevedo y G?ngora ?barrio que si fuera parisino o londinense ser?a centro de peregrinaje cultural lleno de museos, bibliotecas, placas y monumentos?, tienes que buscar con lupa las m?nimas referencias a tan ilustres vecinos. Y en La Mancha, lo mismo. O peor. S?lo con un poderoso esfuerzo de la imaginaci?n, proyectando lecturas y buena voluntad sobre el paisaje y el paisanaje, es posible encajar, a ratos, lo imaginado sobre lo real, lo cervantino con el prosaico panorama que se ofrece a la vista.

No se trata ya de que esta tierra se parezca poco a la que conoci? Cervantes, con sus pueblos, corrales, ventas y polvorientos caminos; es que no tiene nada que ver. Cuando uno les echa un vistazo a las viejas fotos de pueblos manchegos, advierte que estos lugares cambiaron menos entre 1605 y 1960 que en los ?ltimos cuarenta a?os. A principios del siglo XX, John Dos Passos o Azor?n a?n pod?an recorrer La Mancha poniendo el pie sobre las huellas de don Quijote y Sancho. Hoy es imposible. El desarrollo y el aumento del nivel de vida, tan deseables y necesarios, dejaron atr?s, como cad?ver en la cuneta, la memoria y la cultura. Excepto escasas y honrosas excepciones, la piqueta, la desidia, el mal gusto, la arquitectura absurda e inapropiada, el arte cutre de tercera fila, envilecen las poqu?simas referencias cervantinas que a?n salen al paso del viajero. Como mucho, quedan para marcas de l?cteos y embutidos: quesos Dulcinea, chorizos Sancho Panza. Pol?tica aparte, claro. En uno de los pueblos m?s quijotescos, la estatua de Cervantes, con una mano partida, no simb?licamente ?aqu? no hilamos tan fino? sino por un animal ind?gena, languidece bajo una enorme pancarta que reza: Vota al Pep?. Y tiemblo de pensar en lo que nos espera el a?o que viene, quinto centenario del Quijote, con todo cristo mojando en la salsa y haci?ndose la foto, como suelen, la tira de pol?ticos y pol?ticas mangantes y mangantas analfabetos y analfabetas ?espero que las feministas de g?nero de los cojones est?n satisfechas con mi lenguaje de acad?mico no sexista? puestos en plan aqu? mi tronco Cervantes y yo, o sea, amigos y compadres de toda la vida. Ya ver?n, ya. Para echar la pota.

Pero el caso es que, en mitad de esa Mancha a menudo incapaz de estar culturalmente a la altura de lo que su honroso nombre exige, no todo es desolaci?n. Niet. La vida sigue y se perpet?a. All?, de esa cuneta florida de la que les hablaba al principio, salen de pronto dos mariposas. Una mariposa y un mariposo, supongo, pues esta ?ltima, o ?ltimo, persigue a la primera con ?vido revoloteo. El viajero ?o sea, yo? las ve salir del lado izquierdo de la carretera, con reflejos dorados del sol en el amarillo y rojizo de sus alas. Y en el preciso instante en que el mariposo, con una amplia sonrisa de oreja a oreja, o de antena a antena, est? a punto de alcanzar a la hembra, en ese momento, como digo, mi coche pasa a ciento veinte kil?metros por hora, zuuuas, y los estampa a los dos en la parrilla del radiador, chas, chas. Y algo m?s tarde, cuando paro a echar gasolina y miro el radiador, los veo all? esclafados, la mariposa y el mariposo listos de papeles, m?s tiesos que mi abuela, mientras pienso: hay que joderse. No somos nadie. Si hubieran sido mariposas francesas o inglesas, lo mismo las habr?a cazado Vladimir Nabokov y ahora estar?an pinchadas en un corcho, en una colecci?n exquisita y tal, de las que salen citadas en los suplementos literarios selectos. Inmortales como Lolita. Pero ya ves. Se las ha cargado el Reverte con un puto Golf. En La Mancha, hasta las mariposas van de culo.

-Arturo P?rez-Reverte- El Semanal

Con motivo del IV centerario de El Quijote, aunque este art?culo sea de 2004 gui?o
Publicado por .AuStRaLiA. @ 13:47  | Otros
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