Mi?rcoles, 20 de abril de 2005
Hace 900 a?os, los reinos europeos lanzaron contra el mundo musulm?n toda su maquinaria de guerra. Su objetivo: recuperar los lugares sagrados. Dos siglos de luchas en nombre de Dios y cientos de miles de muertos abrieron una herida entre las dos civilizaciones que a?n hoy no ha terminado de cicatrizar.

Imagen

Fotograma de la pel?cula Kingdom of heaven basada en las cruzadas


Las Cruzadas, abordadas ahora en la pel?cula El reino de los cielos, de Ridley Scott, fue el fen?meno que marc? la vida pol?tica, econ?mica y social europea durante casi dos siglos, incluida la Pen?nsula Ib?rica. Todo comenz? un 26 de noviembre de 1095, cuando el papa Urbano II, reunido en el concilio eclesi?stico de Clermont, lanz? el grito de guerra de la Primera Cruzada a Tierra Santa.

En un discurso a los fieles presentes en la ciudad francesa, el Sumo Pont?fice sugiri? la necesidad de aportar ayuda a los cristianos del Imperio Bizantino de Oriente, amenazados por los turcos. Al mismo tiempo promet?a el perd?n de los pecados y la salvaci?n eterna para todos aquellos que participaran en la campa?a. As?, al grito de ??Dios lo quiere!?, el entusiasmo religioso y la promesa de recuperar los lugares santos ocupados por los ?infieles? recorrieron Europa y aunaron en torno a ellos a enormes multitudes. La maquinaria de guerra comenzaba a andar, aunque la Primera Cruzada no se iniciar?a de forma oficial hasta dos a?os despu?s. Sin embargo, detr?s de aquellas intenciones exist?a un trasfondo mayor, una riada de causas ?terrenales? que condujeron a aquel ?choque de civilizaciones? medieval entre Oriente y Occidente.

Europa se desangraba entonces en una mir?ada de guerras locales entre los diversos se?ores feudales. El continente se hund?a en una inmensa crisis econ?mica y millares de campesinos mor?an de hambre, acosados por sucesivos a?os de malas cosechas. Adem?s, al calor del a?o 1000 hab?an nacido decenas de profec?as y creencias en torno al fin del mundo y la llegada del Anticristo que atemorizaban a las gentes. Las ciudades comenzaban a crecer, lo mismo que la poblaci?n europea en su conjunto, y las malas condiciones sociales auguraban inminentes revueltas. En resumen, el sistema estaba al borde del colapso.

Todos y cada uno de los estamentos sociales del continente viv?an en una encrucijada de la que necesitaban salir. Y la idea lanzada por la Iglesia cat?lica se erig?a as?, de pronto, como la mejor soluci?n. La Cruzada ?palabra que no apareci? hasta el siglo XIII? y la recuperaci?n de los Santos Lugares ofrec?an las salidas anheladas: para los m?s desfavorecidos era una ocasi?n para aplacar la ira de Dios con un acto extraordinario y heroico que los librase de los sufrimientos diarios; para los comerciantes italianos y franceses era la mejor forma de incrementar el tr?fico de mercanc?as y hacerse con el dominio de las rutas entre Europa y ?frica; para los se?ores feudales, ricos y venidos a menos, la forma de detener las continuas guerras de desgaste entre ellos y buscar nuevas tierras y recursos en el exterior; y para el Papado era la oportunidad de erigirse como el centro del poder europeo y someter a la Iglesia bizantina greco-ortodoxa, debilitada por su lucha contra los turcos.

As? que, m?s que como una batalla entre dos religiones, las Cruzadas se alzaron como una soluci?n ideal a los problemas que acechaban a Europa, pero usando como coartada la bandera de la religi?n. Un entusiasmo que en muchos casos fue sincero: no en vano desde el siglo IV los cristianos hab?an peregrinado de forma pac?fica hasta Jerusal?n sin sufrir vejaciones por los ?infieles?. Fue a partir del a?o 1009 cuando la seguridad de los peregrinos y del Santo Sepulcro comenz? a peligrar.

Los protagonistas de las Cruzadas fueron los campesinos y los m?s desfavorecidos, pero tambi?n j?venes caballeros deseosos de riquezas y aventuras, y hasta pr?ncipes europeos con peque?as fortunas ansiosos de complacer a los pont?fices. No existe unanimidad respecto a cu?ntas se hicieron. En general, se consideran ocho, a partir de la primera, convocada por Urbano II (1042-1099). Al que siguieron frailes y predicadores que llamaban a luchar por las ?reliquias sagradas del cristianismo?.

Entre ellos, alcanz? gran notoriedad el monje franc?s Pedro el Ermita?o, un gran orador que logr? reunir a 14.000 fieles dispuestos a marchar hacia Jerusal?n. ?l y Gualterio Sin Bienes, un noble alem?n arruinado, al mando de 15.000 hombres, iniciaron en 1096 la llamada Cruzada Popular, que lleg? hasta Asia Menor, donde los cristianos fueron masacrados por los turcos. Un a?o despu?s, cuatro ej?rcitos al mando de Godofredo de Bouillon, Roberto de Normand?a y Roberto de Flandes, Raimundo de Toulouse y Boemundo de Tarento emprendieron la Cruzada de los Pr?ncipes. Las tropas conquistaron Nicea y Antioquia y, tras cinco meses de asedio, el 15 de julio de 1099, Jerusal?n.

Cuando el emir Imadeddin Zenkis de Mosul reconquist? Edesa, se convoc? la Segunda Cruzada (1147-1149), dirigida por el emperador germano Conrado III, Luis VII de Francia y su mujer, Leonor de Aquitania. Sus campa?as contra Damasco y Ascal?n fracasaron. La Tercera Cruzada (1189-1192) se organiz? despu?s de que Saladino reconquistase Jerusal?n tras la derrota cristiana en Hattin, el 4 de julio de 1187. En ella, el emperador alem?n Federico I Barbarroja, el rey de Francia Felipe Augusto y el rey de Inglaterra Ricardo Coraz?n de Le?n reconquistaron Acre (12 de julio de 1191), pero no Jerusal?n. Barbarroja falleci? ahogado y Ricardo acord? con Saladino una tregua a cambio de la franja costera entre Tiro y Jaffa y la libre entrada de cristianos en Jerusal?n.

Despu?s vinieron la Cuarta Cruzada, convocada por el papa Inocencio III, que conquist? Zara y Constantinopla; la Quinta (1217-1221), preparada por Federico II, que fracas? en su asedio de El Cairo y la pen?nsula del Sina?; y la Sexta (1228-1229), organizada tambi?n por Federico II, en la que ?ste negoci? con el sult?n egipcio Al-Kamil la restituci?n de Jerusal?n. Quince a?os m?s tarde, la Ciudad Santa cay? de nuevo en manos musulmanas y ya nunca regres? bajo la ?gida cristiana, pese a que Roma orden? dos nuevas Cruzadas.

Una de las consecuencias fue el despertar de las ?rdenes religiosas militares. En 1120, un grupo de jinetes en torno al franc?s Hugo de Payns decidi? proteger con las armas a los peregrinos que acud?an a Tierra Santa, bajo control cristiano tras la Primera Cruzada. Los caballeros cumplir?an esa misi?n a la vez que viv?an una existencia religiosa con votos de obediencia, castidad y pobreza. La iniciativa fue impulsada por Baldovino II, entonces rey de Jerusal?n, quien les entreg? el antiguo palacio del rey Salom?n. Pronto sus integrantes participaron tambi?n en los combates y la Orden del Temple fue aprobada por la Iglesia. Por primera vez se reconoc?a la existencia de los soldados de Cristo y la posibilidad de combatir bajo el h?bito religioso y matar por esta religi?n. Sometidos s?lo a la autoridad del Papa, los templarios recibieron numerosos privilegios y dieron paso al nacimiento de otras ?rdenes militares.

Adem?s de los cientos de muertos, las Cruzadas tuvieron enormes consecuencias sociales para los dos bandos. La liberaci?n de los nobles y la etapa de paz que conoci? el Viejo Continente favorecieron, con el tiempo, el nacimiento de los Estados absolutos. Occidente se enriqueci? por el impulso del comercio mar?timo, las t?cnicas bancarias se expandieron, los mercaderes acapararon las rutas comerciales a ?frica y Asia, y Europa tom? conciencia de su unidad cultural y conoci?, a trav?s del islam, gran parte del legado cl?sico griego. En Oriente, sin embargo, las guerras santas desembocaron en d?cadas de decadencia. Y algunos islamistas a?n se niegan a considerar las Cruzadas como un episodio del pasado.

-Mar?a Rodr?guez-



UNIFORME DE CAMPA?A

Imagen


UNA CRUZ POR INSIGNIA

Para la guerra santa, los cruzados (llamados as? por la vestimenta de algunos franceses, con una cruz en el pecho) perfeccionaron todos los artefactos de lucha existentes. Los trajes cobraron vital importancia como elemento de protecci?n m?s que como uniforme.

CABALLEROS ACORAZADOS

Los cruzados se cubr?an con un jub?n que les llegaba hasta la cintura, confeccionado con cuero o lino, al que se cos?an unos anillos met?licos para aumentar su protecci?n. Sobre ?l llevaban una t?nica o camisola hasta las rodillas con su ense?a. En la cabeza, portaba una capucha similar al jub?n que le ca?a sobre los hombros y sobre ella, el casco. En las piernas, unos calzones y, encima, unos protectores de metal que cubr?an de la rodilla al tobillo. Un escudo completaba su vestimenta.

SUS ARMAS DE ATAQUE

Portaban espadas y diversos tipos de lanzas, adem?s del mazafruto, un instrumento de madera con un el?stico en la punta que permit?a arrojar piedras o recipientes con materiales inflamables.

La cruzada infantil de 1212

ADEM?S DE LAS OFICIALES, hubo otras campa?as. Las dos m?s crueles y aberrantes se desarrollaron en 1212.

EL ?TRIUNFO? DE LA INOCENCIA. En mayo, un pastor franc?s, Etienne, reuni? a 30.000 ni?os tras afirmar que Dios permitir?a ?el triunfo de la inocencia sobre los sarracenos?. El ?Ej?rcito? parti? en junio, pero a su llegada a Marsella las aguas del mar no se abrieron, como ?l hab?a previsto. Algunos armadores se ofrecieron para llevarlos a Egipto. Dos barcos naufragaron y los pasajeros de los cinco restantes fueron vendidos a burdeles y como esclavos. Fue la desastrosa Cruzada de los Ni?os.

MUERTOS DE HAMBRE. Tiempo despu?s se reclut? a 40.000 j?venes con la misma excusa. S?lo llegaron a Roma, donde los recibi? Inocencio III. La mayor?a muri? de hambre y fr?o al volver a casa.
Publicado por .AuStRaLiA. @ 14:02  | Otros
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios