Cómo no estar quemado en el trabajo
¿Estrés, cansancio y malestar en la oficina? Burnout es un nuevo nombre para un viejo problema. Aprenda a atajarlo.
En 1974, el doctor Herbert Freudemberg, psiquiatra de una clínica para toxicómanos de Nueva York, observó que, al cabo de un año, todos los voluntarios que trabajaban con él perdían energía y se desmotivaban en el trabajo, sufrían ansiedad y aumentaba su agresividad frente a los pacientes. Freudemberg se dio cuenta de que algo pasaba, pero fue la psicóloga Cristina Maslach la que dio nombre a esta patología.
Así nacía el síndrome del burnout (quemado) o de la sobrecarga emocional, un estado psicológico que provoca agotamiento emocional en el empleado, el desarrollo de actitudes negativas en el trabajo, la sensación de falta de realización personal y síntomas físicos como estrés, cansancio o malestar. Las estadísticas dicen que lo sufre un dos por ciento de la población española, pero los especialistas aseguran que son muchos más: el 15 por ciento de las consultas clínicas por enfermedades laborales tiene que ver con este síndrome.
Sanitarios y profesores, al rojo vivo
El quemado aparece en cualquier actividad profesional con cierto grado de responsabilidad, aunque es más común en la sanidad y la enseñanza, sobre todo entre los profesionales de enfermería, que tienen un contacto más directo con el paciente, y los maestros, que soportan presiones e incluso amenazas de los adolescentes.
La apatía, la sensación de poca valoración profesional y el hartazgo del trabajo son los síntomas que lo identifican. «Cuando éstos traspasan la vida laboral, comienza a ser preocupante –afirma Marisol Ramos, psicóloga especialista de la Universidad Politécnica de Cataluña–, porque la nota distintiva de esta patología es que afecta a todos los ámbitos vitales.»
Claves para descubrirlo…
Hay cuatro síntomas que ayudan a detectarlo a tiempo y a acabar con él:
Se da con mayor fuerza en personas que trabajan en tareas sociales (personal sanitario, docente, fuerzas del orden público, servicios sociales…).
Surge como respuesta a un estrés emocional crónico, cuyos rasgos principales son el agotamiento físico, psicológico o emocional, una actitud fría y despersonalizada y un sentimiento de inadecuación a las tareas que se han de realizar.
Hace que se resienta la realización personal. El afectado es incapaz de casi cualquier cosa, le baja la autoestima y se siente ineficaz y fracasado en el trabajo.
Las repercusiones más señaladas son de tipo psicosomático (fatiga crónica, dolores de cabeza, trastornos del sueño, desarreglos menstruales…) o de conducta (absentismo laboral, accesos violentos, abuso de fármacos y alcohol…). En casos graves lleva a la depresión y al aislamiento.
… y dos tratamientos para frenarlo
Para curar esta patología se suele actuar con terapia farmacológica combinada con psicoterapia, cuyo objetivo es reorientar la mentalidad, reeducar los hábitos de trabajo y aprender a controlar el estrés laboral.
Si la afección es leve, en el primer momento lo recomendable es fomentar el apoyo social con compañeros y familiares para reducir los niveles de estrés. Sólo si esto no funciona, se pasa a combinar la terapia farmacológica con las técnicas de relajación y el tratamiento psíquico.
Lola Fernández