Rafa Nadal ha ganado esta tarde con 19 añitos y dos días la final del Roland Garros por 6-7, 6-3, 6-1 y 7-5, al argentino Puerta en un partido luchado y duro, con puntos espectaculares que pasarán a la hemeroteca de cualquier aficionado al tenis. Hoy ha llorado y ha dedicado el trofeo a todo el mundo, desde su tío y entrenador hasta el Rey pasando por el resto de la familia, la organización del gran slam y su contrincante.
Nadal es, a sus 19 años uno de los mejores tenistas del mundo, quizá el mejor junto con Federer aunque para verlo habrá que esperar a que comience la temporada el hierba, una superficie que no se le da mal. Pero aún así hay que ver lo que es capaz de hacer y hasta donde llega en wimbeldon, no es de extrañar que pudiera llegar hasta la final.
El tenista mallorquín es carácter, puro carácter, ese que le hace remontar partidos y ganar tie breaks (hoy no ha sido el caso). Esa mala lecha la echan de menos muchas veces los tenistas españoles, sobre todo Ferrero, pero también Moyá, Robredo... Nada no está quieto, lo pelea todo, lo lucha todo, grita, se desespera, se anima, corrige sus errores al instante siguiente al haberlos cometido.
A este carácter tan especial hay que unirle un inmenso talento para los deportes, y en especial para el tenis que es al que decidió dedicarse. Llegará a ser, o mejor dicho, ya es uno de los mejores de todos los tiempos y podrá optar a casi todo. Tiene que tender a ser un jugador completo, no sólo de tierra, si no en todas las superficies. Y lo será, ya ha demostrado que puede ganar tanto en tierra como en hierba o pista, incluso en moqueta, como la eliminatoria de la Davis.
Nadal ya no es el futuro del tenis español, es el presente, lo supe desde que le vi jugar el torneo del Espinar con 14 o 15 años y ganándolo ante jugadores mucho mayores que él. Seguirá peleando por cada bola, aunque sea desde el suelo para poder despues subir a la tarima de los campeones.