miércoles, 08 de junio de 2005
Procelosos días los que estamos viviendo en Gondor, donde nuestros Senescales comienzan a maniobrar en pos de una paz largamente ansiada que ofrezca quietud y sosiego a los pobladores del reino frente a las huestes oscuras del reino de Angmar.
Loable deseo, sin duda; mas mi corazón me obliga a manifestar que más allá de esas bondadosas intenciones, el desasosiego se va apoderando de este cansado montaraz, al vislumbrar lo que nuestros Senescales parece estar dispuestos a ofrecer a cambio de esa anhelada paz.
Y es que desde hace incontables años, montaraces como yo han vertido su sangre tanto en las frías landas de Etten como en el resto del reino unificado, siempre por defender la causa del Árbol Blanco.
Rara vez cayeron en campo abierto y en justo combate: casi siempre lo hicieron en cobardes emboscadas de orcos sin alma. Ningún reproche salió de nuestros labios ante la visión de nuestros hermanos sacrificados, pues lo asumimos como parte del cumplimiento de nuestro deber, al cual nos consagramos.
Sé que el dolor y el sufrimiento de los que siguen en este mundo puede haber debilitado el ánimo de los más pusilánimes, hasta el punto de desear una paz a cualquier precio, aún a costa de la traicionar la memoria de aquellos que fueron masacrados por el Rey Bujo. Pero considero que algunos valores, como la dignidad de todo un pueblo, no debe ser objeto de negocio alguno, por muy bondadosas que sean las intenciones.
Soy Montaraz de Ithilien, y sé que la espada que empuño no me pertenece a mí, sino a los Senescales a los que sirvo con total fidelidad, para mayor gloria de Gondor. Y es por eso por lo que sea cual sea el resultado de sus decisiones, las acataré con el máximo rigor y respeto, aunque lágrimas negras rezumen por mi alma por la traición hacia la memoria de los que cayeron en la defensa del estandarte del Árbol Blanco.
Publicado por CapitanFaramir @ 18:17
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