martes, 21 de junio de 2005
Pueden desembocar en ictus y cegueras, pero las migrañas siguen sin tratarse de forma adecuada. Y los pacientes continúan siendo incomprendidos. Tachados de neuróticos y asociales, sufren crisis que los incapacitan durante días. Los médicos aseguran que el 85 por ciento de los casos puede controlarse. La clave: no resignarse al dolor.

«El día que cumplí diez años –cuenta Jesús Robles, economista, 41 años, casado y con un hijo– sufrí mi primer ataque. Las crisis han seguido hasta hoy, las sufro hasta dos veces al mes. Cada ataque dura dos horas; es un dolor machacante en un lado de la cabeza –que luego se extiende al otro– acompañado de náuseas y vómitos, intolerancia a la luz y los sonidos, incluso ansiedad y depresión. A menudo, mi estado es tan deplorable que tengo que tumbarme a oscuras y esperar a que pase.»

Y es que la migraña no es un dolor de cabeza más intenso de lo normal ni un problema psicosomático, como algunos creen. Es un trastorno fisiológico incapacitante que involucra al cerebro entero y que afecta al 12 por ciento de la población. La buena noticia es que, incluso en los casos más severos, un tratamiento preventivo puede reducir las crisis. «Difundir ese mensaje podría ahorrar sufrimiento y dinero al Estado y a las empresas», señala el doctor Feliu Titus, jefe del Servicio de Neurología del Instituto Dexeus de Barcelona, director de la Unidad de Cefalea del hospital Vall d’Hebrón y autor de Vencer la migraña. «De hecho –añade– esta enfermedad hace perder 13 millones de jornadas laborales al año en España.»

Un mal muy desconocido

Todos los expertos están de acuerdo en una cosa: la migraña sigue siendo considerada una dolencia menor, aunque hoy se sabe que puede estar detrás de casos de ictus y aneurismas y producir pérdida de visión y hasta coma. Por esas falsas creencias, y a pesar de que repercute en la calidad de vida de los afectados, tanto en el plano emocional como en el social y el laboral (a menudo son tratados de neuróticos, raros, absentistas laborales, asociales…) sigue siendo una patología infradiagnosticada. «Existe un oscurantismo que pone trabas al abordaje del problema –señala Titus–. Si la gente aprende a reconocer los síntomas y sabe que hay un tratamiento específico, exigirá un enfoque más realista.»
Denominada ‘enfermedad de poetas y filósofos’, la migraña ha estado siempre envuelta en un halo de misterio.

De hecho, los neurólogos supieron hace poco qué pasa realmente en el cerebro de un migrañoso. «Hoy sabemos que la crisis de migraña es una alteración biológica transitoria que se da en individuos con un menor umbral de respuesta del sistema nervioso a ciertos estímulos o factores desencadenantes –dice Titus–. La crisis aparece cuando, por dichos estímulos (alimentos, estrés, sueño, cambios de tiempo, esfuerzo físico... ), el cerebro envía señales a receptores cerebrales que controlan los vasos sanguíneos que rodean el cerebro. Como respuesta, los vasos se contraen, luego se dilatan y terminan inflamando los tejidos circundantes. Esa inflamación irrita el nervio trigémino… y ya tenemos una crisis.»

El aura precede al ataque

Otro factor ‘enigmático’ es el aura, serie de alteraciones neurológicas transitorias que preceden al ataque. Pueden ser visuales (destellos, visión doble, en blanco y negro, pérdida transitoria de visión...); sensoriales (hormigueo, pérdida del tacto); motoras (menos fuerza en un lado del cuerpo); del habla (dificultad para hablar...), y también confusión, vértigo o lapsus de memoria. Aunque sólo el 30 por ciento de los migrañosos tiene aura, hay un pequeño grupo que la sufre sin migraña. El diagnóstico supone un alivio, ya que estos síntomas suelen achacarse a problemas graves.

A su vez, la migraña afecta más a mujeres en edad fértil, lo que revela que las hormonas reproductoras femeninas generan cambios fisiológicos que predisponen al problema. De hecho, a partir de la menopausia las diferencias de sexo se igualan, debido a que esta patología es un problema de gente joven; la edad media de inicio de las crisis son los 17 años y se da raramente en mayores de 50. ¿La razón? La migraña requiere arterias jóvenes y flexibles, capaces de contraerse y dilatarse con facilidad.

«La mejor terapia es evitar que se produzcan las crisis, aprendiendo a identificar los factores desencadenantes (el 70 por ciento de los pacientes los reconocen) y eludiéndolos», señalan los expertos. Aunque algunos de esos factores pueden escapar al control del paciente (como los cambios de tiempo), otros son evitables (comer alimentos ricos en tirosina, como el chocolate). Llevar un diario que ayude a relacionar los ataques con sus factores desencadenantes, tener pautas de sueño y alimentación regulares, no fumar, aprender a controlar el estrés... puede ayudar a esquivarlas.


No alimentar al dolor

¿Y qué hacer si sospechas que tus dolores son en realidad ataques de migraña? «Ante todo, confirmar con el médico que se trata realmente de eso y no de otro tipo de cefalea primaria (por ejemplo, relacionada con el estrés) o secundaria (consecuencia de otra patología)», insiste Titus. «Después, hay que decir a los migrañosos que no deben resignarse al dolor, porque éste se alimenta de sí mismo y es más difícil controlarlo si no se actúa en sus primeras fases. ¿Cómo? Nunca hay que tomar nada antes de que se den los síntomas, para evitar que se produzcan. Esa actitud conduce al abuso de analgésicos, que acaba llevando a cefaleas crónicas. Si un paciente está enganchado a los analgésicos, debe hablar con su médico; existen métodos sencillos y eficaces para romper ese círculo vicioso de dolor-pastillas-dolor.»

Varios estudios han comprobado que, cuando se actúa adecuadamente, se logra el control de las crisis en el 85 por ciento de los casos. La medicina tiene puesto el cerco a la migraña. Es hora de decir adiós al sufrimiento.

-Marisol Guisasola-

Cinco falsas creencias

1. La migraña es un dolor de cabeza especialmente intenso. No. Es una enfermedad de la que el dolor de cabeza es sólo uno de sus síntomas. De hecho, existen migrañas sin dolor de cabeza.

2. Es consecuencia de una depresión. No. Es una enfermedad neurológica que se produce por alteraciones biológicas y fisiológicas, no un trastorno psicológico.

3. No entraña riesgos para la vida; sólo produce dolor y síntomas desagradables. La migraña puede inducir ataques cerebrales, aneurismas, pérdida permanente de visión y hasta coma y muerte. Un estudio de la Clínica Mayo (EE.UU.) señala que los migrañosos tienen más del doble de riesgo de ictus que los que no padecen esta patología. El riesgo se multiplica por ocho en migrañosas que toman la píldora anticonceptiva.

4. Cualquier médico la diagnostica fácilmente. Es una enfermedad infradiagnosticada y una de las peor comprendidas. La prueba: el 70 por ciento de los migrañosos no ha sido jamás diagnosticado ni tratado.

5. Hay dos tipos de cefaleas: las migrañas y las demás. Se han establecido 150 tipos. Las más comunes: las de tensión (por contracciones musculares); las migrañas; las mixtas (combinación de migrañas y cefaleas de tensión); las cefaleas en racimo (se dan a diario durante semanas o meses y son las más dolorosas); las hormonales (asociadas a la menstruación) y las cefaleas por sinusitis.

El recorrido del dolor

Así ocurre:

Se enciende la alarma

Estímulos internos (variaciones hormonales, estrés, falta de sueño) y externos (cambios meteorológicos, alimenticios, alergenos…) interfieren en el individuo y se convierten en una bomba de relojería.

Directos al hipotálamo

Estos desencadenantes actúan en el hipotálamo, que controla la regulación hormonal, el sueño y el hambre. Los síntomas (náuseas o vómitos) se inician por señales enviadas del hipotálamo al generador de migrañas.

Colapso en el nervio trigémino

Las señales llegan al nervio trigémino, red de fibras nerviosas cuyas terminaciones cubren el cerebro como un casco. La activación de ese nervio inicia la migraña.

Dolor en ‘latidos’

El dolor pulsátil se debe a la dilatación de los vasos del cerebro. Una vez activados, los nervios liberan compuestos que estimulan el dolor, los vasos se dilatan más y se inflaman.

Aura: síntoma número uno

Diversas señales visuales y sensoriales generan actividad eléctrica que recorre el cerebro como una ola. Ésta interfiere las señales del nervio óptico y el paciente ve destellos antes del ataque.

Los famosos enfermos

Mónica Seles: «Nadie que no padezca estas crisis puede saber lo terribles que son»

LOS COMIENZOS: Vencedora de nueve Grand Slams y 53 singles, su victoria más dulce ha sido la de ganar la batalla a la migraña. «Mi primera crisis fue con 15 años –cuenta hoy, a los 31–. Pero no fue hasta 1996 cuando me dijeron qué tenía. Aquel año tuve que suspender dos partidos. Soy tímida —como muchos migrañosos— y no expliqué las razones a nadie.»

ASÍ LO SUFRO: «Nadie que no padezca migrañas puede saber lo terribles que son,» dice Seles, que ha sido imagen de unos laboratorios en su campaña contra dicha enfermedad. «Cuando veía que comenzaba un ataque, tenía que encerrarme en un cuarto oscuro, en silencio, porque los ruidos me afectaban terriblemente. Lo peor es que los síntomas podían presentarse en medio de un torneo.»

CONVIVIR CON ELLO: «El tratamiento (un fármaco de la familia de los triptanes) me ha salvado. Quiero decir a quienes noten síntomas que vayan al médico. La ayuda existe y permite llevar una vida normal.»


Ian Thorpe: «Las migrañas son tan insufribles que, a veces, me han hospitalizado»

LOS COMIENZOS: Once veces campeón del mundo, tres medallas de oro y dos de plata en los Juegos Olímpicos de Sidney, y dos oros, una plata y un bronce en los de Atenas, Thorpe no lo ha tenido tan fácil como algunos creen. Desde los ocho años entrena 20 horas a la semana y desde entonces padece migrañas (y una alergia al cloro que combatía de niño nadando con la cabeza fuera del agua y que luego superó).

ASÍ LO SUFRO: «En ocasiones, las migrañas eran tan insufribles que me tenían que hospitalizar.» Thorpe recuerda dos crisis migrañosas memorables; la que sufrió durante los Juegos Olímpicos de 2000 y la que tuvo durante los Campeonatos de Distancia Corta de Hong Kong. En ambas consiguió vencer el dolor y batió récords mundiales.

CONVIVIR CON ELLO: Ahora que un tratamiento específico ha espaciado y aliviado los ataques, afirma sufrir menos migrañas y más suaves. ¿Logrará aún mejores resultados en las Olimpiadas de 2008?

A mis enfermos migrañosos favoritos contento
Publicado por .AuStRaLiA. @ 15:55  | Otros
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