Lunes, 13 de febrero de 2006
Como buen gallego, se dej? ahorcar sin aspavientos. Arrepentido, resignado y algo chulito

De rom?nticos ten?an lo justo. O sea, nada. Desprovistos de la aureola artificial de la novela decimon?nica y de la imbecilidad anglosajona de las pel?culas de Hollywood, los piratas de anta?o se quedan en lo que eran: saqueadores y asesinos. A menudo suele confund?rseles con los corsarios, pero ?sos, al menos sobre el papel, tocaban otro registro ?precisamente Alberto Fortes public? hace poco, en gallego, O Corsario: una biograf?a del pontevedr?s Juan Gago?. Los corsarios eran particulares que, sujetos a reglas internacionales, saqueaban por cuenta de un rey a los enemigos de ?ste. Un pirata era un pirata, y punto; sin diferencia con los que hoy asaltan barcos, roban y matan en las costas caribe?as, el mar Rojo o los estrechos de Asia. Resumiendo: una panda de hijos de puta. Pensaba en eso el otro d?a, cuando revisando papeles di con la carpeta que guardo sobre Benito Soto, uno de los ?ltimos piratas espa?oles, y uno de los pocos nuestros que se hicieron famosos bajo la bandera negra. Un p?jaro de cuenta cuya dram?tica historia termin? en tanguillos de C?diz.

Les cuento. El barco era un corsario brasile?o dedicado a la trata de negros: un bergant?n de siete ca?ones llamado El defensor de Pedro, cuya tripulaci?n se amotin? en 1823, dejando al capit?n en tierra africana y pasando a cuchillo a los tripulantes que no estaban por la labor. Su segundo contramaestre, un pontevedr?s de veinte a?os llamado Benito Soto Aboal ?desertor de la matr?cula de mar espa?ola a los dieciocho?, fue elegido comandante. Al bergant?n se le cambi? el nombre por el de Burla negra, y en poco tiempo consigui? una siniestra reputaci?n, estren?ndose en su nuevo oficio cerca de Ascensi?n con el saqueo de la fragata mercante inglesa Morning Star, y luego con el de la estadounidense Topaz, de la que asesinaron, por la cara, a 24 de sus 25 tripulantes y pasajeros. M?s tarde, entre las Azores y Cabo Verde, le lleg? el turno al brickbarca ingl?s Sumbury. En este punto, ya en posesi?n de un bot?n razonable, Soto decidi? navegar hasta Galicia para vender el fruto de la campa?a. De camino no dej? pasar la oportunidad de darle lo suyo al portugu?s Melinda, al Cessnok ?a ?se no le tengo controlada la bandera? y al ingl?s New Prospect, saqueos que se completaron, para rematar la cosa, con el asesinato de algunos miembros de la tripulaci?n propia, de los que Soto no se fiaba un pelo y a los que tem?a dejar en tierra con la lengua demasiado suelta.

En La Coru?a, donde los piratas presentaron papeles falsos con uno de los tripulantes haci?ndose pasar por el verdadero capit?n del barco, vendieron la carga y luego decidieron irse al sur de Espa?a o a la costa de Berber?a para vivir de las rentas. Pero el mar gasta bromas pesadas: una noche oscura confundieron el faro de la isla de Le?n con el de Tarifa, y terminaron embarrancando en una playa gaditana, muy cerca de donde hoy est?, como ya estaba entonces, el Ventorillo del Chato. Aunque al principio las autoridades de Marina, sobornadas por los piratas, hicieron la vista gorda, un antiguo pasajero del Morning Star los reconoci? ?tambi?n es mala suerte que el fulano estuviera en C?diz? y puso el grito en el cielo. Total: diez de ellos terminaron ahorcados y hechos cuartos por la justicia gaditana, y el capit?n Soto, que hab?a huido a Gibraltar, fue detenido, juzgado y ejecutado en la colonia, culpable de 75 asesinatos y del saqueo de diez barcos. Como buen gallego, Soto se dej? ahorcar sin aspavientos, mostr?ndose, cuentan, arrepentido, resignado y tambi?n algo chulito. Que me quiten lo bailado, debi? de decir. O algo as?.

Pero la historia del Defensor de Pedro a?n trajo cola. Setenta y cuatro a?os despu?s, en 1904, los trabajadores de una almadraba descubrieron, en el lugar donde hab?a acabado su aventura el barco pirata, gran cantidad de monedas acu?adas en M?xico en el siglo XVIII. La gente se volvi? loca, ech?ndose todo C?diz a la playa ?incluidos viejos, ni?os y suegras? con palas y cribas, hall?ndose al menos millar y medio de piezas. As? se hicieron famosos ?aquellos duros antiguos / que tanto en Cai / dieron que habl?, que en los carnavales del a?o siguiente inmortalizar?a un personaje local, el T?o de la Tiza, con su pe?a Los Anticuarios. Y color?n colorado: ?sta es la historia de Benito Soto Aboal, el espa?ol que, fiel a las esencias nacionales, empez? como truculento pirata y acab? ?aqu? todo termina igual? en chirigota gaditana.

XLSemanal- Arturo P?rez-Reverte
Publicado por .AuStRaLiA. @ 11:45  | Otros
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios