S?bado, 18 de febrero de 2006
En Guatemala ser mujer y v?ctima es la misma cosa. El pasado a?o hubo 527 asesinadas, muchas de ellas ni?as, y s?lo un caso lleg? a los tribunales. La ley est? invariablemente al lado de los culpables. Una periodista brit?nica investiga este ?feminicidio?, mucho m?s cruel e ignorado que el de Ciudad Ju?rez.

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Existe un pa?s donde un hombre puede librarse de una condena de violaci?n si se casa con la v?ctima, siempre que ?sta sea mayor de 12 a?os. All?, el sexo con menores s?lo es delito si la ni?a puede demostrar que no fue ella quien provoc?. En Guatemala, para que una mujer maltratada pueda llevar a los tribunales a su marido, las heridas han de permanecer visibles al menos diez d?as. En algunas comunidades, incluso, es normal que los padres ?inicien? a sus hijas en el sexo.

Atada con alambre de espinos, espantosamente mutilada, con insultos grabados sobre la piel, violada, asesinada, decapitada y tirada en un arc?n; en la capital del pa?s es raro el d?a en que no se encuentra una mujer en estas condiciones. Este a?o, la media ha sido de dos cuerpos al d?a: 312 hasta mayo, que se suman a las 1.500 violadas, torturadas y asesinadas en los ?ltimos cuatro. Queda claro que, en Guatemala, ser mujer y v?ctima es una misma cosa.

En la cola de un organismo de Derechos Humanos, Catalina Macario espera para hablar con alguien que la pueda ayudar. Quiere saber si es posible enjuiciar a quienes atacaron a su ?ni?a?. Hilda ten?a 12 a?os cuando fue destripada con un machete por resistirse a una violaci?n. Sobrevivi?, pero fue rechazada y estigmatizada por su comunidad. A su lado, Mar?a Alma de Villatoro habla de Priscilla, su hija de 21 a?os muerta a cuchilladas a manos de su novio por negarse a abortar.

Los peri?dicos llevan la cuenta de los cad?veres, aunque la noticia suele reducirse a un p?rrafo al pie de una p?gina interior. En ocasiones se menciona que la mujer fue encontrada sin cabellera y atada con alambre de espino, abandonada en un descampado o, como suele ocurrir, dentro de un bid?n de gasolina vac?o. Tambi?n se indica que sobre la piel se encontraron grabadas las palabras ?Muerte a las putas?, y raramente se dice si la mujer o la chica (a veces de apenas ocho o nueve a?os) fue violada, como ocurre en casi todos los casos, seg?n afirma Mario Guerra, director del dep?sito de cad?veres de Ciudad de Guatemala. Las familias pueden tardar meses en dar con ellas, ya que aparecen lejos del lugar del secuestro. A muchas se las designa ?XX? o ?identidad desconocida?; sus rostros est?n irreconocibles y acaban incineradas en fosas comunes.

Para entender la situaci?n hay que remontarse a los a?os 50, cuando amplias zonas de Guatemala estaban en manos de la United Fruit Company. En 1954, el gobierno de izquierdas elegido democr?ticamente expropi? terrenos de la multinacional en el marco de la reforma agraria, y la CIA, cuyo director estaba ligado a la compa??a, orquest? un golpe militar. Se paraliz? la redistribuci?n de tierras, surgieron grupos guerrilleros y comenz? la campa?a antiinsurgencia patrocinada por EE.UU. El ciclo de represi?n, recrudecido en los 80, durante la era Reagan, fue el m?s violento y desconocido de Am?rica Latina.

Con la Guerra Fr?a de fondo, los sucesivos gobiernos de Washington inyectaron ayuda militar a Guatemala y a grupos de ultraderecha para proteger sus intereses en la regi?n. Se asolaron grandes extensiones de cultivos, masacrando a la poblaci?n, indios mayas en su mayor?a. Los habitantes de las zonas beligerantes eran llevados en manada a las iglesias y quemados vivos; se encerraba a familias enteras dentro de un pozo. Los oponentes pol?ticos eran eliminados y las mujeres, violadas, mutiladas y asesinadas. A las embarazadas las abr?an el ?tero y colgaban los fetos de un ?rbol. En 1996, cuando la ONU negoci? un acuerdo de paz, se contaban m?s de 200.000 muertos, 40.000 desaparecidos y 1,3 millones de guatemaltecos convertidos en refugiados internos, en un pa?s de poco m?s de diez millones de habitantes.

Cuando la Iglesia cat?lica denunci? en 1998 que el 93 por ciento de los muertos de la interminable guerra civil hab?a fallecido (en lo que m?s tarde se reconocer?a como ?actos de genocidio?) a manos de las Fuerzas Armadas, los escuadrones de la muerte paramilitares y la Polic?a, el obispo que redact? el informe fue asesinado en la puerta de su casa. Extraordinariamente, dado el clima de impunidad que se vive en el pa?s, tres oficiales fueron condenados por el homicidio.

Como reconocimiento de que los responsables de la mayor parte de las atrocidades fueron los sectores armados por EE.UU., entrenados con m?todos s?dicos de represi?n, el acuerdo de paz apoyado por la ONU exigi? la reducci?n y reforma de las Fuerzas Armadas y la Polic?a. Pero mientras se reduc?an ambas instituciones, los hombres segu?an siendo los mismos. Los responsables de las peores atrocidades continuaron impunes. Efra?n R?os Montt, el general acusado de actos de genocidio en la cumbre de la guerra (cuyos cargos desestim? el ex presidente estadounidense Ronald Reagan como ?acusaciones falsas?), consigui? ser elegido presidente del Congreso.

En un pa?s que ha sido testigo de tantas atrocidades sin ley, no sorprende que la vida no valga nada. Y en una tierra con una cultura machista tan pronunciada, no extra?a que los hombres se hayan acostumbrado a pensar que pueden asesinar, torturar y violar a las mujeres y quedar impunes.

Es asombrosa la rapidez con la que acept? verme el jefe M?ndez, responsable de una unidad policial especial creada el a?o pasado para investigar asesinatos de mujeres. Teniendo en cuenta el n?mero de cr?menes, podr?amos pensar que es un hombre ocupado, pero en su oficina no hay mucho que hacer. De cuatro ordenadores, s?lo dos est?n encendidos. Aparte de M?ndez y su secretaria, hay tres agentes m?s en la habitaci?n. Est?n sentados en corrillo, hablando y ri?ndose durante mi visita.

Para M?ndez, la ra?z de esta violencia hacia el g?nero femenino es sencilla: ?Las mujeres ahora salen m?s de casa y empiezan a participar en todos los aspectos de la sociedad. Muchos hombres las odian por ello. ?ste es un pa?s con muchos machistas?, sentencia. Detr?s del jefe de Polic?a, su joven secretaria, embutida en un ce?id?simo uniforme, le acaricia el pelo mientras habla.

M?ndez atribuye el clima generalizado de violencia al florecimiento del tr?fico de drogas, la proliferaci?n de armas ilegales y las luchas internas despiadadas entre bandas callejeras rivales, las maras. En un pa?s con al menos 1,5 millones de armas sin registrar, y que el a?o pasado se calcula que import? 84 millones de balas y cartuchos, sin duda esto es parte del problema. Ciudad de Guatemala es una de las urbes m?s peligrosas del mundo, con una tasa de asesinatos cinco veces superior a la de Bogot?, en una Colombia destrozada por la guerra. Sin embargo, el jefe de Polic?a empa?a este punto de vista al sugerir que una manera de abordar el problema ser?a deshacerse de la molesta presunci?n de inocencia en el arresto de sospechosos. Conociendo a jefes de Polic?a como ?ste, no sorprende que se hayan investigado menos del diez por ciento de estos cr?menes. De los 527 asesinatos de mujeres y ni?as el a?o pasado, s?lo uno ha culminado en una acci?n judicial.

Seg?n M?ndez, el sello de las mutilaciones observadas en los cad?veres se debe a ?rituales sat?nicos?, parte de las ceremonias de iniciaci?n en una pandilla callejera. La versi?n que ofrece el Gobierno es que las bandas son culpables de la mayor?a de los asesinatos.

En los barrios m?s pobres de la ciudad, donde proliferan las maras, los pandilleros admiten que algunas mujeres se ven involucradas en la rivalidad entre bandas. ?Pero a muchas se las asesina para cargarnos el muerto y tener una excusa para disparar contra nosotros?, afirma un chico de 19 a?os cubierto de tatuajes, apoyado en una pared de un barrio donde hace unas horas se ha encontrado el cad?ver decapitado de una joven. ?La Polic?a ve a dos o m?s con tatuajes y empieza a disparar?, a?ade.

Somos testigos de primera mano. Al poco de llegar al barrio para hablar con miembros de la pandilla m?s temida del pa?s, Mara Salvatrucha, dos coches patrulla se acercan chirriando sobre las v?as del tren. Los agentes salen de un salto, enfilan los rifles y ordenan a los j?venes que pongan las manos sobre la pared. De no estar nosotros all?, los mareros aseguran que les habr?an disparado.

Desde el fin de la guerra civil, las redes del crimen organizado que se han infiltrado en el Gobierno, el Ej?rcito y la Polic?a reclutan a pandilleros para que les hagan el trabajo sucio y luego los asesinan. As? se quitan de en medio a los testigos y ?limpian? las calles de quienes son considerados el azote de la sociedad.

Los defensores de los Derechos Humanos, sometidos con regularidad a amenazas de muerte e intimidaciones, creen que culpar a la violencia callejera es una manera de simplificar deliberadamente el problema. A las mujeres, aseguran, no s?lo se las ?mata como moscas? porque se las considera sin valor, tambi?n se las utiliza como t?teres en las luchas de poder entre redes del crimen organizado. ?Un elemento clave en la historia de Guatemala es el uso de la violencia contra las mujeres para aterrorizar a la poblaci?n?, explica Eda Gaviola, directora del Centro de Acci?n Legal para los Derechos Humanos (Caldh). ?Este estado de terror beneficia a todo tipo de criminales, desde el narcotr?fico hasta las adopciones ilegales, pasando por el blanqueo de dinero y los secuestros. Hay signos claros de conexi?n entre estas actividades y el Ej?rcito, la Polic?a y las empresas de seguridad privada, a las que se incorporaron ex militares y ex polic?as tras la reducci?n de las fuerzas del orden.?

Hace tres a?os, Amnist?a Internacional describ?a Guatemala como un ?Estado mafioso corporativo? controlado por ?poderes ocultos? que forman una ?alianza entre sectores de la oligarqu?a, empresarios, Polic?a, Ej?rcito y los delincuentes comunes?. A lo que Hilda Morales, una abogada que lidera una red de grupos femeninos constituidos a medida que escalaba el problema, a?ade: ?Ni la Polic?a ni el Gobierno se lo toman en serio?. En su opini?n, la situaci?n no cambiar? a menos que se presione desde el exterior y que los inversores conozcan la situaci?n y cuestionen sus negocios con Guatemala.

No olvidemos que ?ste es un pa?s peque?o, condenado geogr?ficamente a una relativa oscuridad. En el vecino M?xico, en Ciudad Ju?rez, en la frontera con EE.UU., las m?s de 400 mujeres asesinadas en la ?ltima d?cada han atra?do la atenci?n de todo el mundo. Estrellas de cine como Jane Fonda, Sally Field o Jennifer L?pez han puesto su rostro para subrayar y denunciar lo que se ha dado en llamar ?feminicidio?. Pero pocos hacen caso de lo que pasa en Guatemala.

El intento por parte de la ONU de establecer una comisi?n para investigar y enjuiciar a los ?poderes ocultos? del pa?s fue desestimado por las autoridades locales por ?inconstitucional?. Mientras siguen las conversaciones, tambi?n contin?an los asesinatos.

?Aqu?, las mujeres mueren peor que los animales. Cuando el Ayuntamiento anunci? una campa?a para exterminar a los perros callejeros, la gente paraliz? las calles para protestar ?comenta Andrea Barrios, del Caldh?. Cuando se asesina a una mujer, la indiferencia es total. Se ha creado la imagen de que las que mueren se lo merecen de un modo u otro.?

La Polic?a, de hecho, afirma p?blicamente que las v?ctimas son, en su mayor?a, prostitutas. Es parte de una estrategia para intimidar a las familias que presionan para que se investiguen las muertes. En realidad, m?s del 40 por ciento de las asesinadas era ama de casa y un 25 por ciento, estudiantes. Sin dejarse amedrentar por esta estrategia, Rosa Franco, madre de una adolescente asesinada brutalmente hace cuatro a?os, no ha parado de exigir justicia. Siguen a sus hijos de camino al colegio. A poca distancia de la casa, un coche con varios ocupantes en su interior vigila por turnos. Hay uno la noche que hablo con ella en su casa. Para los defensores de los Derechos Humanos, este tipo de vigilancia es una se?al de que el asesinato est? relacionado con la burocracia y el crimen organizado. ?Tengo miedo ?confiesa Rosa?. Pero me he jurado no dejar de luchar.?

El mismo sentimiento lo comparten Mar?a Elena y Liliana Peralta. Su hermana mayor, Nancy, fue asesinada en 2002. Cuando las hermanas y sus padres denunciaron que la estudiante de Contabilidad de 30 a?os no hab?a vuelto a casa un d?a, la Polic?a les dijo que esperaran a ver si aparec?a. Al d?a siguiente, el cuerpo desfigurado de una joven fue encontrado a las afueras de la capital. El padre llam? al dep?sito, donde le dijeron que no pod?a ser su hija porque la descripci?n no coincid?a. Junto al cuerpo, sin embargo, hab?a aparecido una de las prendas que Nancy llevaba al salir de casa.

?La Polic?a se r?e de nosotras, a mi hermana le dicen ?la muerta viviente?. Insisten en que no ha muerto, que otra estudiante se hab?a apropiado de su identidad para inscribirse en la Universidad. No quieren investigar?, afirma Mar?a Elena, quien ha empezado a estudiar Derecho para llevar ante la justicia a los asesinos de su hermana.

Rosa Franco y la familia Peralta denuncian que incluso las pruebas forenses m?s b?sicas, como la de fluidos corporales, que pueden ayudar a identificar a los asesinos en ambos casos, no se llevaron a cabo. Ante las constantes frustraciones, piensa llevar sus casos a la Comisi?n Interamericana. Sin embargo, la mayor?a de las familias de las v?ctimas no tiene recursos ni conocimientos como para iniciar una lucha legal.

Alejados del caos de Ciudad de Guatemala,en la selva al norte del pa?s, rica en vestigios de la civilizaci?n maya, un grupo de arque?logos encontr? recientemente en una cripta la escena de un crimen antiguo: hab?a restos de dos mujeres, una de ellas embarazada, dispuestos en forma ritual. Al parecer, era el resultado de una demostraci?n de fuerza entre ciudades rivales. 1.500 a?os despu?s, sus descendientes siguen siendo v?ctimas de las luchas por el poder.

XLSemanal-C.T.

Cuando le? este reportaje llor? m?s de una vez, espero haber removido alguna conciencia poni?ndolo aqu?.
Publicado por .AuStRaLiA. @ 12:21  | Actualidad
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