S?bado, 25 de febrero de 2006
P?rez-Reverte aparca temporalmente las aventuras de Alatriste y reflexiona sobre la condici?n humana en su ?ltimo libro, El pintor de batallas. Lo hemos entrevistado en su casa por partida doble. Enrique Murillo ha charlado con ?l sobre esta sorprendente novela. Y David Benedicte le ha trasladado las preguntas de los lectores de XLSemanal. Esto es lo que nos ha contado.

La historia de la nueva novela de Arturo P?rez-Reverte es tan sencilla como un balazo letal: un hombre recibe la de otro visita que le anuncia que ha ido a verlo para matarlo. Espl?ndida en el desarrollo de esa base narrativa, brillante en su capacidad para mantener la incertidumbre hasta el desenlace, El pintor de batallas es un alto en el camino de la vida que P?rez-Reverte utiliza para contemplar con perspectiva de madurez las dos etapas de su desarrollo profesional, la de periodista y la de narrador.

El autor de Alatriste trabaja en una cueva. Es la bodega de su casa a las afueras de Madrid, transformada en despacho y biblioteca de trabajo. Apenas 20 metros cuadrados con tres ventanucos ocultos tras unos visillos. En un extremo, unos butacones de cuero, una r?plica de un AK 47 en un rinc?n, un Tint?n de un metro de altura con un Milou a juego y libros, montones de libros. Las novedades en una mesita baja y, al fondo, el sanctasanct?rum, un peque?o reducto de apenas tres metros de ancho con el ordenador y el escritorio, el lugar donde ha redactado, de la forma concienzuda que le caracteriza, las novelas de los ?ltimos a?os.


XLSemanal. Su nueva novela empieza con una escena que podr?a ser de su propia vida: un hombre sale de una torre de vigilancia en la playa, llega hasta el mar y nada m?s de cien brazadas. ?Cu?ndo empez? su relaci?n personal con el mar?

Arturo P?rez-Reverte. Yo nazco en Cartagena, una ciudad a orillas del Mediterr?neo con m?s de tres mil a?os de historia. Y nazco en una biblioteca, en la de mi abuelo, en donde est?n las historias de ese mar; las historias de las Cruzadas y de los griegos y del Peloponeso y de la batalla de Salamina. De los corsarios, de los berberiscos? Para m?, el mar es escuela, es memoria, es historia. Y es mi casa.

XL. Adem?s, le gusta navegar.

A.P.-R. A vela y por el Mediterr?neo, nada m?s. A veces, la gente me pregunta que por qu? no salgo al Atl?ntico. Y la respuesta es sencilla, me gusta el Mediterr?neo porque para m? es navegar por la historia. Echas el ancla a la vista de un templo romano, buceas junto a un fragmento de ?nfora fenicia, los dioses viven por aqu?, se pueden ver esos atardeceres hom?ricos? es la felicidad.

XL. ?C?mo vive alguien como usted en Madrid?

A.P.-R. Mal. Lo que pasa es que he tenido que montarme una vida profesional aqu?, por razones pr?cticas. Pero en cuanto tengo ocasi?n, me voy a navegar en mi velero. No voy al mar a oxigenarme, no voy de vacaciones? voy a llevar la vida que considero normal. Lo anormal es esto. A lo mejor llego a la costa, hace mal tiempo y no puedo navegar, pero estoy en el barco, y hago cosas, o leo, o lo que sea. Y es evidente que no esperar? a retirarme para disfrutarlo. Ir? d?ndole cada vez m?s peso a ese lado de mi vida y rest?ndole peso a mi vida en Madrid.

XL. Lejos del mundanal ruido?

A.P.-R. Soy un navegante silencioso, eso es importante.

XL. Adem?s, el mar supone tener la cabeza libre?

A.P.-R. Hay cosas muy importantes para m? respecto a la navegaci?n. El ?nico sitio donde puedo pasar muchos ratos sin sentir la necesidad de leer es el mar. Yo no puedo estar en una parada de autob?s o en el tren o sentado en mi casa, diez minutos, sin leer.

XL. Estos tiempos muertos, que parad?jicamente son tan ricos, ?son una de las cosas que ha perdido el mundo moderno?

A.P.-R. Por supuesto. Hoy en d?a vas de Madrid a Par?s, coges la autopista y llegas al final del trayecto sin haber mirado nada, s?lo las se?ales de tr?fico. El mar, sobre todo si navegas a vela, es caminar despacio por un escenario. Es la recuperaci?n de la antigua lucidez del caminante, del viajero silencioso, y por eso subrayaba antes que soy un navegante silencioso.

XL. Dice en la novela, a trav?s de la discusi?n de los personajes, que este mundo ha perdido el sentido de lo sagrado, la conciencia de la muerte.

A.P.-R. El ser humano ha olvidado que no tiene otro remedio que convivir con el espanto de la naturaleza, con la frialdad de la naturaleza, que es como el corte de un bistur? sobre una mesa de m?rmol. Eso est? ah?. Los humanos nos hemos protegido de esa frialdad, nos hemos rodeado de una serie de amortiguadores, tratando de sobrevivir f?sica e intelectualmente ante el hecho de que somos insectos bajo la bota de los dioses. ?Qu? pasa? Que ignorar esa realidad es una mentira. Si t? construyes una urbanizaci?n en una ca?ada, alg?n d?a bajar? el agua por ah?. Aunque tarde siglos, bajar? y se lo llevar? todo. Entonces, cada vez que hacemos algo, esto lleva impl?cito el desastre.

XL. En un momento de El pintor de batallas se refiere usted a nosotros, los hombres del siglo XXI, como ?seres ciertos de su juventud, belleza e inmortalidad?, ignorantes de que ?cada nuevo objeto t?cnico? trae consigo ?su accidente espec?fico?.

A.P.-R. El problema al que me refiero es que no aceptamos que existe esa segunda parte, que la naturaleza alg?n d?a ser? naturaleza. Como dice Heine, un d?a el dios se despereza, estira los brazos y nos golpea. Viene el tsunami y el hombre se queda, no ante el horror, sino ante la realidad?Antes, el hombre sab?a que la naturaleza tiene sus leyes. Ahora lo ignoramos y no queremos pagar el precio cuando llega el maremoto y la naturaleza dice ?aqu? estoy?.

XL. Creemos que los avances tecnol?gicos nos protegen. Pero estamos tan desprotegidos como antes.

A.P.-R. O m?s. Porque el hombre antiguo, y no hablo del hombre de hace dos mil a?os, hablo de nuestros bisabuelos, sab?a que muchos ni?os mor?an al nacer, y a veces tambi?n sus madres; que hab?a pestes y guerras y virus? El hombre antiguo conoc?a el sufrimiento, y eso lo hac?a mejor. Cosas como la caridad, la compasi?n, la generosidad, exist?an porque el hombre que sufre puede ser solidario, sabe que el sufrimiento le puede tocar a cualquiera. Ahora, como creemos que el dolor es para los otros, nadie se preocupa hasta que le toca. Resumiendo: cuando sabes que no hay soluci?n, cuando no te crees eso que dice la gente ahora de ?esto no puede ser, esto tiene que terminar...?, cuando sabes que el horror puede durar lo que dure, cuando recuerdas que Sarajevo puede durar siete a?os, que el sida aparece y no hay modo de frenarlo, y que lleva ya muchos a?os y puede seguir much?simos m?s? Cuando compruebas que no hay soluci?n o que si la hay no est? al alcance de los hombres, entonces te enfrentas con otro hecho, que la ?nica soluci?n es el consuelo. La `filosof?a?. Por eso no nos queda otra que ir a los cl?sicos, a la Antig?edad, a los viejos maestros, que no solucionan, pero te confortan.

XL. ?La soberbia es, entonces, el mayor pecado del hombre actual?

A.P.-R. Sin duda. Antes, el hombre pod?a ser soberbio, pero no era est?pido. Ahora, el hombre tiene la soberbia de la ignorancia, la peor de todas. La arrogancia del hombre moderno es inaudita. Por eso, esa cara de pasmo que se le ve a un padre en el telediario cuando saca en brazos a su hijo aplastado por el terremoto, y le notas esa expresi?n de incredulidad, ??c?mo ha podido pasar esto??. Despu?s de estar tantos a?os all? y vuelves, como cuando yo volv?a de Beirut, por ejemplo, y paseaba por las calles de aqu? y ve?a las caras de la gente, me preguntaba: ?pero no se dan cuenta? ?Lo normal no es esto, lo normal es aquello! Y no hablo de pesimismo, sino de asumir las reglas del juego. Mi nueva novela es, precisamente, la historia de alguien que ha estado ah?, en el horror, y regresa y se pregunta d?nde puede encontrar el consuelo.

XL. Insiste tambi?n mucho en que, en la guerra, el hombre se comporta igual que en la paz.

A.P.-R. La guerra no es la anomal?a, nos comportamos en la guerra como en la paz. S?lo que en la guerra no funcionan los frenos que la sociedad te pone. Pero si a la sociedad en la que estamos le quitas los mecanismos de control, todo es igual que en la guerra.

XL. A juzgar por el ?xito de ciertos libros que emiten mensajes casi exactamente contrarios, ?dir?a usted que vivimos en un tiempo de embaucadores, de charlatanes? Empezando por quienes les escriben los discursos a George Bush o a Tony Blair...

A.P.-R. Y siguiendo con los Paulos Coelhos, que son muy peligrosos. Y no lo digo espec?ficamente por Paulo Coelho, que a m? me cae bien en lo personal, sino por todo ese buen rollito, todo ese rollito del ?vamos a besarnos todos en la boca y as? llegaremos a la felicidad??. ?Eso es mentira! ?Es mentira! Y crea una alienaci?n muy peligrosa. Prefiero mil veces la lucidez dolorida, que te permite estar alerta, antes que la ataraxia y el sue?o de los besitos, que no va a ninguna parte.

XL. Adem?s, usamos mal las palabras. Por ejemplo decir `guerra contra el terrorismo?, cuando eso no es exactamente una guerra.

A.P.-R. Mire, se lo dir? as?: a m?, Bush me importa un carajo. La guerra de Irak me importa un carajo. Me explico: el problema del que yo hablo es mucho m?s grave. Vivimos una historia de muchos siglos en la que ha habido una evoluci?n que nos est? devolviendo al caos del que procedemos, y la llamada `guerra contra el terrorismo? no es m?s que una manifestaci?n puntual de la guerra c?smica en la que los seres vivos, no s?lo el ser humano, est?n inmersos desde que pululan por la Tierra. Nos estamos dando demasiada importancia. El humanismo cristiano ha hecho mucho da?o. Hemos convertido al ser humano en una especie de maravilla, medida de todas las cosas? y acabamos creyendo, falsamente, que la inteligencia humana es capaz de resolver todos los conflictos de la naturaleza. Y el ser humano es s?lo un bicho m?s que ha tenido m?s suerte y m?s astucia y ha evolucionado de una manera que lo ha colocado en una posici?n privilegiada en relaci?n a los dem?s seres vivos, pero que no es m?s que un animal que quiere sobrevivir enfrent?ndose a los otros.

XL. Y que tiene, adem?s, una enorme capacidad de destrucci?n.

A.P.-R. Pero, enti?ndame bien, es s?lo una criatura m?s, y como tal tiene instintos de depredaci?n, de poder, de territorialidad, de lujuria... y eso est? en contradicci?n con los principios intelectuales en los que creemos. Lo que pasa en nuestro tiempo es que el ser humano est? perdiendo el control y est? carg?ndose un sistema de equilibrios larga y cuidadosamente construido. El mundo se nos est? yendo de las manos. La rueda gira cada vez m?s r?pido y no tenemos el tiempo ni la serenidad para ver lo que estamos haciendo.

XL. Una y otra vez, en la novela, insiste en que el hombre es brutal.

A.P.-R. Es que el hombre es una bestia. No me lo han contado, lo s? porque lo he visto con mis propios ojos. He estado en Sarajevo y en Beirut, y el hombre es un aut?ntico hijo de puta, sin paliativos, y en la novela pongo ejemplos, sin truculencia. Lo cuento como es.

XL. Pero el hombre es tambi?n capaz de entrega, sacrificio, generosidad?

A.P.-R. As? es, y eso ocurre tambi?n en El pintor de batallas. Entre los dos hombres se establece una amistad. El ser humano es capaz tambi?n de cosas muy hermosas, s?lo que estas ?ltimas son una peque?ez en un oc?ano de horror. La bondad no excluye la maldad, y la mierda de cultura cristiano-human?stica nos ha confudido al respecto. Hay ejemplos que yo he visto. En abril del 77, yo estaba con los guerrilleros de Eritrea y atacamos una ciudad. Yo estaba con disenter?a y entr? con ellos. Y se jugaban la vida por traerme agua. Ni mi madre hizo nunca las cosas que esos guerrilleros hicieron por m?, y esos mismos chicos mataron y violaron delante de mis ojos. Y eran mis amigos. Y algunos dir?n: ??Y c?mo no interviniste???. Pues porque no, c?mo iba a intervenir. Me call?, y suerte tuve, porque, habi?ndolo visto todo, no me cortaron el cuello para que no lo contara. Esos t?os, todav?a ahora, cuando pienso en ellos?

Se levanta, descuelga un marco peque?o y me ense?a la foto de un cr?o de 15 a?os, a la izquierda de la imagen, y me mira: ?Era uno de ellos; ?ste muri?. Cuando pienso en ellos, no soy capaz de decir si eran buenos o malos, pero yo los recuerdo con cari?o. Esto es la naturaleza humana, creemos que es parad?jico, nos cuesta justificarlo intelectualmente, pero as? somos?.

Enrique Murillo - XLSemanal

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Los lectores preguntan

ANONIMATO
?Sigue pensando que es mejor no conocer personalmente a los autores de nuestros libros favoritos? H?ctor Reina. 37. Puente Genil(C?rdoba)

Tengo la certeza absoluta. Creo que el lector pierde mucho cuando conoce al autor. El autor debe conocerse por su libro. Primero, porque un libro es ficci?n y uno no siempre es responsable de lo que dicen sus personajes. Un exceso de informaci?n ajena al libro puede perjudicar la lectura del mismo

ESTILO
?Es usted tan certero en su forma de hablar como en sus art?culos? Federico Jos? Mar?n. 45. Jerez de los Caballeros (Badajoz)

A veces s? y a veces no. Lo que no soy es tan mal hablado. Mis art?culos son un g?nero literario concreto. Con sus reglas espec?ficas. Pero ese lenguaje no me lo llevo ni a mis novelas ni a la calle. Naci? con El Semanal y muere con ?l. Es un error pensar que ?sa es mi forma de hablar o de relacionarme

PROTAGONISMO
Parece ser que 2006 va a ser el A?o P?rez-Reverte: nueva novela, estreno de pel?cula sobre Alatriste, nueva novela sobre Alatriste, edici?n infantil de El Caballero del Jub?n Amarillo... ?Le agobia tanto protagonismo o le gusta que se hable tanto de usted? Rodolfo Molina. 32. Asturias

Me agobia, me agobia. No me gusta. Pero, a veces, no lo puedes evitar. Son gajes del oficio. Tampoco puedo andar escondi?ndome. De hecho, aqu? estoy

NACIONALISMO
Despu?s de siglos de mezcla de gentes y culturas en la Pen?nsula Ib?rica, ?qu? le parecen los sectarismos excluyentes de los nacionalismos en Espa?a? Pablo Garc?a. 23. Sevilla

Es duro bajar de pronto a toda esta mierda. Sobre todo cuando hace nada est?bamos hablando de una novela. Verse enfrentado de pronto con la mierda de la realidad cotidiana de este pa?s miserable se hace muy complicado. ?Te vale eso como respuesta?

MARS?
?Qu? opina de la `espantada? planetaria de su admirado Mars?? Paulino Tarr?s. 58. Barcelona

No tengo nada que decir sobre eso. Mars? es mi admirado, y punto. Cualquier cosa que haga me parece bien y justificada

UMBRAL
Confiese: ?cu?ndo har? las paces con Umbral? Miranda Robledo. 50. Valladolid

Ese asunto est? cerrado y no tengo nada m?s que decir

GUERRAS
Si tuviera que escoger una sola imagen fija de sus recuerdos de las guerras que vivi? directamente, ?cu?l ser?a? Carlos Cuesta. 23. Valladolid

Una calle de una ciudad en ruinas desierta, todo lleno de cristales rotos y el ruido que hacen mis botas al caminar sobre esos cristales en completa incertidumbre

LIBROS
?C?mo ser?a usted y su vida si nunca hubiese conocido la magia de los libros, si desde ni?o no hubiese crecido con ellos? Mastelerillo. 38. Algeciras (C?diz)

Eso no lo puedo ni imaginar. No es una vida imaginable

FAVORITOS
?Qu? autores actuales me recomienda, que sean dignos de ser le?dos? Antonio Navarro. 36. Sevilla

Hay demasiados autores cl?sicos por leer antes que a los contempor?neos. Empieza por el principio

MADRID
?C?mo es que vive en Madrid si le gusta tanto el mar? Isabel. 46. Chipiona (C?diz)

No vivo en Madrid. Vivo en la sierra de Madrid. Y lo hago porque la trayectoria de mi vida me ha obligado a estar cerca de determinados puntos en los cuales mi vida profesional se ha ido desarrollando. El d?a que esos puntos sean innecesarios, regresar? al mar

TELEVISI?N
?Por qu? se fue de TVE? Manuel Fuencarral. 38. Madrid

Porque ten?a cosas m?s importantes que hacer. Hab?a hecho lo que quer?a. Hab?a dejado de tener fe en mi trabajo de reportero. Hab?a cosas que quer?a aclarar sobre m? mismo. Quer?a escribir. Quer?a navegar. Quer?a leer. Y eso es todo

BARCO
?C?mo se llama su velero? Juan V?zquez. 38. Le?n

Eso es asunto m?o

SUGERENCIAS
?Acepta usted sugerencias, correcciones, de una persona que no sea la correctora de la editorial? ?Cree usted que una vez alcanzada la popularidad y el ?xito de ventas podr?a recibir una negativa de su editorial para publicar una novela? Olga Hein. 38. Segovia

No, s?lo del corrector de la editorial, que es amigo m?o. Y m?s que correcciones son matices o gazapos o errores de los que yo no hab?a sido consciente tras dos a?os de trabajo. Pero fuera de ?l, nadie m?s. Por otro lado, la editorial no me va a negar nunca un libro. Si ma?ana cojo una gu?a telef?nica y le pongo unas tapas, me lo van a publicar. Eso no me preocupa. Pero hay una cosa que no olvido, y esta novela viene a hablar de eso. Estamos sometidos a una serie de avatares e imprevistos. Por eso no doy nada por sentado. Ni la popularidad ni el ?xito. Yo vivo en territorio enemigo. Como cualquiera de los lectores. Lo que pasa es que yo soy consciente de ello
Publicado por .AuStRaLiA. @ 18:27  | Otros
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