Siglo y medio después del nacimiento del psicólogo vienés, sus más encarnizados enemigos le dan la razón. Nuevas investigaciones parecen confirmar sus teorías. Por primera vez, neurólogos y psicoanalistas quieren desvelar juntos los enigmas de la psique.
Hace cien años, las tesis del joven neurólogo fueron una revolución: el ser humano actuaba movido por sus deseos sexuales reprimidos. Freud pensó que los sufrimientos de sus pacientes neuróticos se debían a un conflicto sexual anterior. Para él, la terapia hablada, como llamaba al psicoanálisis, podría curar esas neurosis si se extraían los recuerdos reprimidos y se hacían conscientes. Y triunfó. A su muerte, en su exilio de Londres en 1939, sus discípulos, perseguidos en la Alemania nazi, eran estrellas en EE.UU.
Pero en los años 50 el monolito empezó a tambalearse. Los opositores de Freud lo tenían fácil. La teoría del psicoanálisis no podía sostenerse sobre métodos experimentales. Cuando, en 1952, el psicólogo Hans Eysenck publicó un estudio según el cual el psicoanálisis incluso impedía la curación de los pacientes, estalló una ola de rechazo contra Freud. Hoy son muchos los neurólogos y psiquiatras que creen que el psicoanálisis es o pura charlatanería o un método tan lento que sólo pueden permitirse unos pocos.
Paralelamente las investigaciones neurológicas han seguido su curso. Así, ya se considera resuelto el mecanismo de la percepción; los investigadores han rastreado la biología de los recuerdos y de las emociones hasta su desarrollo molecular; hace tiempo que se representó el funcionamiento de la psique de acuerdo con patrones de actividad eléctrica. Pero, como afirmó el premio Nobel Francis Crick en 2003, ni los análisis neuronales más sutiles podían aportar nada sobre la faceta subjetiva de las experiencias humanas.
Sin embargo, la investigación neurológica supone un rayo de esperanza para los psicoanalistas seguidores de Freud. Lo que no está tan claro es si el psicoanálisis puede desencadenar un proceso de reconstrucción neuronal.
La investigación de los sueños, que según Freud es el camino para llegar al inconsciente, también se ha trasladado del diván al laboratorio. La afirmación de Freud de que los sueños siempre tratan de la satisfacción de un deseo -sexual- tampoco se puede comprobar con los métodos usados hasta ahora. Pero, a la vez, la teoría freudiana de los sueños está viviendo un renacer neurológico. Parece ser que los deseos son un potente motor de los sueños, lo que le da algo de razón a Freud. Sin embargo, los propios psicoanalistas ven hoy en la fijación de Freud por el sexo un reflejo del ambiente mojigato de su época.
Los psicoanalistas y los neurólogos -juntos- han tirado ya por la borda otras tesis de Freud. También se consideran superadas la teoría de los impulsos y algunas de sus suposiciones sobre la memoria o la psique de la mujer.
-Beatte Lakotta e Isabel Navarro-
EL DIVÁN, A ESCÁNER
1. LAS PALABRAS CURAN
Según Freud… Poder decir en el diván lo que no pudo ser dicho en otros momentos, lugares y situaciones, produce la curación.
Según los neurólogos. La psicoterapia puede producir cambios en el cerebro, concluyen estudios tomográficos.
2. EL INCONSCIENTE SE MANIFIESTA A TRAVÉS DE LOS SUEÑOS
Según Freud… Mientras duerme, la persona baja la guardia y sus deseos reprimidos afloran.
Según los neurólogos. El durmiente experimenta vivencias con las que ensaya la lucha diaria por la supervivencia.
3. LA PRIMERA INFANCIA DETERMINA EL RESTO DE LA VIDA
Según Freud… La historia individual infantil -la del bebé incluso- deja una huella indeleble.
Según los neurólogos. En el seno materno, las experiencias causan conexiones neuronales que influirán en el comportamiento para siempre.
4. AMNESIA INFANTIL
Según Freud… No recordamos la primera infancia por efecto de la represión con que encubrimos la sexualidad y el complejo de Edipo.
Según los neurólogos. En la infancia carecemos de las redes neuronales necesarias para almacenar correctamente los recuerdos.
5. LA LIBIDO ES EL IMPULSO DE NUESTRA VIDA
Según Freud… La libido no es simple deseo sexual, sino la energía misma de la creatividad y la actividad psíquica.
Según los neurólogos. Existe un sistema de gratificación, un mecanismo basado en la dopamina muy similar la libido de Freud.
Lecciones de psicoanálisis práctico
La primera vez siempre es raro. Y la segunda, y la tercera... No porque estés contando tus angustias más íntimas a un desconocido, sino porque nadie te dice lo que tienes que hacer.
Primera lección: tu psicoanalista no es tu amigo. No te va a compadecer ni a juzgar ni a consolar. Si lo hace, no es un buen profesional.
Una pregunta obligada: «¿Por qué ha venido?» Si lo tienes demasiado claro, malo: significa que te estás engañando. Si empiezas a divagar, mejor: significa que ya estás empezando a hacer libre asociación de ideas, que es la única manera de que asome el inconsciente.
Segunda lección: el psicoanalista escribe lo que le has contado cuando te has ido y, si es aplicado, mira la libreta antes de que entres para recordar los nombres de tu madre y de tu novio.
Tercera lección: el psicoanalista parece un eco, pero su intención es que no pases por alto ninguna de tus afirmaciones. Nunca hay prisa, y lo ideal es detenerte en lo nimio y no hablar de generalidades.
Cuarta lección: el psicoanalista no tiene un precio fijo. Uno de sus propósitos en la primera sesión es averiguar si ganas mucho, poco o nada de dinero. Lo importante es que te cueste.
MODERNAS PATOLOGÍAS
De la Viena de 1905 a hoy ¿tiene sentido seguir hablando de histeria o han surgido nuevas patologías?
Según los psicoanalistas, la enfermedad de nuestro tiempo se llama trastorno límite de la personalidad o borderline y afecta al dos por ciento de la población. Si en tiempos de Freud lo habitual eran los pacientes reprimidos, hoy se va a las consultas por la dificultad de aceptar la frustración y reprimir actos más impulsivos.
Los afectados por este trastorno se caracterizan por su tendencia a actuar sin pensar y por su manera distorsionada de ver el mundo. Sus síntomas son: miedo a ser abandonados por la persona que aman; relaciones inestables, caracterizadas por la alternancia entre la idealización y la desvalorización del otro; cambios bruscos de metas, aspiraciones profesionales o tipos de amigos; sentimientos depresivos (vacío, aburrimiento y soledad); gastar dinero irresponsablemente, comer compulsivamente, abusar de sustancias, practicar sexo no seguro, conducir temerariamente y ataques de ira intensa combinada con periodos de euforia.
«La paradoja -dice Carlos Paz, psiquiatra y analista didáctico de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM)- es que pueden tener niveles intelectuales altos y a la vez aspectos sumamente enfermos.»
Pero ¿qué provoca estas conductas? Carlos Sopena, didacta de la APM, considera que «ahora se pretende tener satisfacciones totales e inmediatas, y si no: la gran decepción. Ese narcisismo tiene su origen en su majestad el niño, como lo llamó Freud, porque es en él donde los padres proyectan todas las aspiraciones. Hoy no es que seamos peores padres, pero el que no le da al hijo todo lo que demanda, es un fracasado».
Otro cambio que nos distancia de la época de Freud es el modo de vivir la sexualidad. Ya no llevamos corsés, pero ¿estamos más sanos sexualmente?
«Ahora vivimos un desbordamiento de la falta de límites -explica Carlos Paz-. Es común encontrar situaciones de dificultad sexual, o inhibición, en adultos jóvenes que podrían tener por sus medios la vida sexual que quisieran.» También en el amor se quiere todo pronto y ya: amores intensos y no muy largos ni muy comprometidos.
«Hoy se tiende a las soluciones radicales -añade Sopena-. Por ejemplo, hay padres que han tenido un conflicto con su hijo y lo expulsan de su vida. Estas soluciones son peores que la represión, uno queda mutilado, sin contacto con la realidad. Freud quería que el hombre fuera realista, por eso nunca resultó simpático.»
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Los herederos del psicoanálisis
XL Semanal