Esta mañana, he visto en la televisión como los vecinos de un pueblo de Canarias abucheaba e insultaban a unos chavales, inmigrantes, que llevaban a su municipio a un centro de acogida porque a los menores no se les puede deportar tan fácilmente como a los mayores.
Puedo llegar a entender que a esa gente no le guste tener a inmigrantes cerca, porque todos los días llegan por cientos, aunque la verdad es que casi nunca se quedan en Canarias, que el problema de Canarias siempre es puntual, que los despachan hacia la Península en relativamente poco tiempo.
Lo que no entiendo no es ya la falta de solidaridad, sino la falta de empatía, el que ninguno fuera capaz de preguntarse ¿y si fuera yo, y si fueran mis hijos? Los llamaban delincuentes, ladrones... puede que muchos de ellos acaben en la calle, robando, pero no creo que sea lo que en principio hayan venido a ser.
Imaginate por un momento que llegas a un país donde no conoces a nadie, ni el idioma, las costumbres... el miedo a lo desconocido, al futuro, a no existir, a vagar por las calles sin trabajo. ¿Qué esperan? Eso, o quedarse en sus países de orígen muriendose de hambre?
¿Por qué no abuchean a los políticos cuando se pasean por Canarias para visitar los centros de acogida? Entonces, no, entonces aplauden y no son capaces de decir una palabra más alta que otra. No entiendo nada y me da vergüenza a qué límites puede llegar el género humano insultando y cargando contra los que no tienen nada.