miércoles, 31 de mayo de 2006
El espectáculo se repite cada año, pero éste la sequía lo ha hecho más sanguinario. Los grandes cocodrilos devoran decenas de ñúes, cebras y antílopes en su migración de Kenia a Tanzania. Nada pueden hacer contra el más hábil y peligroso de los reptiles, el gran cazador milenario.

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Sabía que la gran cacería estaba próxima. El agua había bajado mucho, tras dos años sin lluvias, y estaba seguro de que hoy iba a darse un festín de cebras, ñúes y antílopes; tentadores manjares de sangre caliente, después de meses comiendo sólo pescado. Su cuerpo escamoso estaba clavado en mitad del agónico cauce del pequeño afluente del Mara. Sólo sus ojos y fosas nasales salían a flote. El gigantesco cocodrilo del Nilo se giró levemente. A pesar de sus seis metros de longitud, ni la más mínima onda rompió la quietud del agua. El aire, al fin, le trajo la confirmación de sus esperanzas. Todos los sentidos del mayor reptil de la Tierra estaban alerta. La cacería iba a comenzar.

Un grupo de gacelas de Thomson se aproximó al río. El impulso migratorio que mueve cada año un millón y medio de herbívoros desde las tierras altas de Masai Mara, en Kenia, hasta las llanuras del sur de Serengeti, en Tanzania, las impulsaba a cruzar. Otros años, este paso les estaba vedado por la magnitud del caudal, pero ahora la sequía parecía jugar a su favor. Cubría tan poco que algunas rocas sobresalían del agua. Decididas, las Thomson empezaron a vadear el río cuando, súbitamente, uno de los mojones abrió sus fauces. En dos movimientos, el poderoso cuello del reptil rompió la columna de la gacela. El colosal cocodrilo levantó su cabeza y engulló al animal. El último dinosaurio acababa de ingerir el alimento que necesita para los próximos seis meses.

Cada año, el espectáculo se repite en diferentes puntos del río Mara cuando comienza la migración de los ñúes. Y los grandes cocodrilos devoran a decenas de ellos, así como a cebras y antílopes que los acompañan. Nada pueden hacer contra este cazador, el más poderoso y peligroso de los reptiles terrestres.

Los cocodrilos aparecieron hace 200 millones de años. Cazaron a los grandes dinosaurios. Son los últimos supervivientes del grupo de los Arcosaurios, que significa `reptiles dominantes´, un grupo que incluía también a los dinosaurios y pterosaurios, entre otros. ¿Qué les hizo superar a todos sus contemporáneos, perdurando hasta nuestros días?

La respuesta la tenemos en la combinación de adaptaciones que manifiesta su cuerpo y que le permite superar los 70 años de edad. A pesar de su aspecto arcaico posee un alto nivel de especialización. De hecho, su anatomía y su comportamiento los relacionan más con las aves que con los lagartos: tienen conductos auditivos externos alargados como el de éstas, una molleja muscular, hacen nidos con material vegetal y, una vez que nacen sus crías, la madre las vigila hasta que se valen por sí solas. Toda una novedad en el mundo de los reptiles. Pero incluso tienen rasgos que van más allá y son más afines a los mamíferos que a las aves. Así su corazón, único entre los reptiles, cuenta con dos aurículas y dos ventrículos, lo que favorece la circulación y oxigenación bajo el agua.

Por si esto no fuera suficiente, su cuerpo está blindado con duras escamas y escudos y posee una capacidad asombrosa para el buceo, la natación, el salto fuera del agua –logran sacar casi todo el cuerpo– y, lo que pocas personas sospechan, para la carrera fuera del agua. En definitiva, nos encontramos ante un superpredador. Y, para completar su poder, muchas de sus especies cuentan con un tamaño formidable. Los cocodrilos del Nilo, los mismos que cazan ñúes y gacelas en el Mara, pueden llegar a medir seis metros. Sólo los marinos los superan al alcanzar los ocho y sobrepasar la tonelada de peso. Y aunque en tiempos existiera el Deinosuchus `cocodrilo terrible´, que superaba los 12 metros y las seis toneladas, el tamaño de estos dos gigantes actuales es suficiente para poder matar casi cualquier animal que consideren comestible. Y todo le parece bueno a estos cocodrilos gigantes.

A pesar de su fama, de las 12 especies que viven en la actualidad, sólo dos se pueden considerar como devoradoras de hombres: el cocodrilo marino y el cocodrilo del Nilo, nuestro protagonista. Esta segunda especie tiene el triste récord de ser el animal que más víctimas mortales deja al año en África, si exceptuamos al mosquito portador de la malaria. Y no sólo son peligrosos para la gente que entra físicamente en el agua, sino para todos aquellos que lo hacen en canoas, lanchas o botes. Hace muy poco los titulares de la prensa internacional mostraban un ejemplo. En el mes de marzo, el doctor Richard K. Root, un afamado especialista del departamento de Enfermedades Infecciosas de la Washington Medical School, fue atacado por cocodrilos mientras navegaba en su canoa por el delta del Okavango. Los saurios consiguieron tirarlo al agua y, una vez allí, arrastraron su cuerpo hacia el fondo para devorarlo. Pese a los esfuerzos de los guardas locales resultó imposible recuperar el cadáver.

Por desgracia, pese a que son muy pocas las especies peligrosas para el hombre y que se trata de asombrosos animales adaptados a la caza y la supervivencia, que podrían contarnos la forma de sobrevivir a lo largo de las eras, los hombres los hemos perseguido como a una plaga, llevándolos al límite de la extinción en muchos países.

Tal vez, a pesar del desarrollo de la ciencia, no haya cambiado mucho nuestra percepción de estas reliquias del Mesozoico desde aquellas primeras noticias de la existencia de cocodrilos en China, cuando el célebre Marco Polo, en el siglo XIII, escribía: «Tienen una boca tan grande que pueden tragar a un hombre entero, atrapándolo con una boca repleta de grandes dientes puntiagudos. En pocas palabras, tienen un aspecto tan feroz, espantoso y repugnante que cualquier hombre o bestia que los contemple no puede más que temblar de miedo y horror ante semejante espectáculo».

-Fernando González Sitges- XL Semanal

Ficha de un asesino implacable

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Ojos: vista muy aguda.
Visión nocturna similar a la del búho. Cuenta con dos párpados externos más unotransparente que recubre el ojo cuando bucea. Probablemente distingue los colores.


Nariz: olfato muy desarrollado. Orificios nasales con válvulas de cierre para permitir la inmersión. Los ojos y la nariz están dispuestos sobre el plano de la cabeza, de forma que permiten al animal estar sumergido y, por tanto, ser invisible a sus presas, mientras respira y observa.


Dientes: diseñados para sujetar, no para masticar. Todos con la misma forma (isodontos). Se renuevan durante toda su vida.


Cerebro: muy desarrollado en comparación con el resto de los reptiles. Más próximo al de las aves.


Corazón: único entre los reptiles y más próximo al de los mamíferos. Con dos aurículas y dos ventrículos, lo que le facilita y favorece el aporte de oxígeno a las distintas partes del cuerpo durante las inmersiones.


Patas: con cinco dedos las delanteras y cuatro las traseras. Membranas interdigitales para ayudarlo en la natación.


Escamas y escudos dérmicos: blindan el cuerpo y lo ayudan a captar el calor del exterior que necesitan para mantener activo su metabolismo. Son excelentes armas defensivas. Sólo en la parte ventral son más blandas y, por tanto, vulnerables.


Cola: auténtico motor de impulsión en la natación, sirve también como estabilizador y como arma defensiva.
Publicado por .AuStRaLiA. @ 19:14
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