Mi?rcoles, 06 de septiembre de 2006
Su traje de exquisita etiqueta y su eterno aire bobalic?n enga?an. Los ping?inos han luchado duro por convertirse en los amos y se?ores de la Ant?rtida. En el camino desarrollaron plumas de alta tecnolog?a y se entrenaron para sumergirse tanto como mide un rascacielos. Pero hoy su esfuerzo puede haber sido en balde. ?sta es la historia de los p?jaros que perdieron sus alas.

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Una tormenta con vientos de m?s de 140 km/h levanta la nieve helada del suelo y convierte el paisaje en un mundo tan blanco como mortal. La temperatura roza los 60 ?C bajo cero; un fr?o que hace imposible la vida. Sin embargo, en mitad de la g?lida meseta ant?rtica, un grupo de siluetas blancas espera estoicamente a que amaine. S?lo puede tratarse de un animal, el ping?ino emperador, que no s?lo es capaz de soportar estas condiciones, sino que lo hace cada a?o en el crucial momento de traer al mundo su descendencia.

Empollar un huevo en el rinc?n m?s fr?o de la Tierra parece a priori un disparate de tal magnitud que no fue hasta bien entrado el siglo XX cuando los cient?ficos resolvieron el enigma de d?nde y c?mo cr?a esta especie.

Un pliegue especial entre sus patas les permite transportar el huevo y calentarlo contra su cuerpo, supliendo as? a un nido que lo expondr?a a las inclemencias del clima; y la formaci?n de apretadas colonias, en las que no dejan un resquicio entre un cuerpo y el del vecino, tambi?n ayuda a conservar la temperatura. Estas prodigiosas adaptaciones, que permiten al ping?ino emperador criar all? donde no llega ninguno de sus enemigos, son s?lo una an?ctoda dentro de la extraordinaria historia de un grupo de aves que ha conquistado un ecosistema vedado para las dem?s: los g?lidos mares del cono sur.

Todas las descripciones de estas aves realizadas entre 1487, cuando la expedici?n de Bartolom? D?az de Novaes rode? por primera vez el cabo de Buena Esperanza, y 1769 recalcan la rareza de estos animales. Joseph Banks, un naturalista que naveg? en el HMS Resolution del capit?n James Cook, escribi? en 1769: ?He visto por vez primera los llamados ?ping?inos?, animales que se encuentran entre las aves y los peces, pues sus plumas se diferencian poco de las escamas y utilizan sus alas s?lo para bucear?.

Si nos fijamos en lo que la evoluci?n ha hecho con los ping?inos, no resultan extra?as estas apreciaciones. Porque para conseguir dominar el fr?o y, sobre todo, el mar han tenido que pagar un alto precio: perder su capacidad de volar.

Los ping?inos se separaron de sus ancestros voladores para comenzar la conquista del agua en el Eoceno tard?o, hace 44 millones de a?os. Los primeros f?siles conocidos sit?an esta especializaci?n en Australia, Nueva Zelanda y la Ant?rtida. Hasta entonces, ning?n ave hab?a conseguido dominar el mundo submarino, y lo m?s que hac?an algunas era alimentarse en la superficie del oc?ano. Pero por debajo de esa estrecha franja, el mar ofrec?a un buf? rebosante a aquellos que venciesen dos obst?culos: la vida en el agua y el terrible fr?o del extremo sur. Y los ping?inos sortearon ambos.

El resultado de su apuesta evolutiva es un cuerpo ahusado, hidrodin?mico, en el que lo primero que destacan son las alas. O aletas, porque han perdido su funcionalidad para el vuelo convirti?ndose en dos poderosas palas para navegar. En segundo lugar vemos sus patas, peque?as, fuertes y palmeadas; situadas tan atr?s que los obligan a permanecer de pie cuando est?n en tierra, pero que les sirven como tim?n al sumergirse. Cuentan, adem?s, con unos ojos adaptados a la visi?n submarina, un pico y una lengua armada con afilados dent?culos para evitar que sus presas se escapen, una gl?ndula que elimina el exceso de sal, una distribuci?n de color pensada para captar al m?ximo el calor del sol? Y luego est?n sus plumas. Son peque?as, con forma de punta de lanza y resistentes al agua. Est?n solapadas para aislar mejor el cuerpo e impermeabilizarlo. Pero incluso ese abrigo no es suficiente en la periferia ant?rtica. As? que lo complementan con una capa de grasa aislante y, entre ?sta y las plumas, una c?mara de aire caliente.

Su comportamiento resulta tambi?n un muestrario de adaptaciones frente al fr?o. Los ping?inos rey reposan sobre sus talones cuando est?n en tierra para que el g?lido suelo no les robe el calor. Los juanito y barbijo parapetan sus nidos con guijarros para que los vientos ant?rticos no arrastren sus huevos. Los macarrones se protegen con la poa, el ?nico sustrato vegetal de las latitudes australes extremas, y los de Magallanes excavan galer?as subterr?neas para proteger sus puestas.

Pero la mayor tarea adaptativa a las duras condiciones ant?rticas fue su capacidad para formar colonias y repartirse las labores. As?, los ping?inos emperador y rey organizan ?guarder?as? para que unos cuiden las cr?as mientras otros salen en busca de alimento. Eso les sirve a los pollos para mantener el calor y protegerse de los ataques de las aves predadoras.

Aun con sus prodigiosas adaptaciones, muchas especies han desaparecido. En otros tiempos lleg? a haber 21 g?neros y, dentro de ?stos, 32 especies. Hoy, s?lo quedan seis g?neros con 17 especies en total y, pese a que tres de ellas est?n en peligro de extinci?n, desde 1600 no ha desaparecido ninguna. Aunque a punto estuvimos de lograrlo los seres humanos.

Su apreciada grasa y la torpeza con que se manejan en tierra firme hizo que se cazaran en masa durante el siglo XIX. La grasa serv?a para fabricar jab?n y curtir cuero y, al hervirla, se obten?a un valorado aceite. La matanza fue terrible. S?lo en las islas Malvinas se aniquilaron dos millones y medio entre 1864 y 1880.

Por suerte, la prensa empez? a contar la falsedad de que el aceite se extra?a al hervir vivas las aves, y el p?blico se concienci? de la necesidad de protegerlos. En 1905, el Congreso Internacional de Ornitolog?a urgi? a Australia y Nueva Zelanda a poner fin a las matanzas. Los ping?inos de Georgia del Sur fueron protegidos en 1909 y en las Malvinas, donde algunos gozaban de protecci?n desde 1864, ?sta se extendi? a todos en 1914.

Hoy, nadie caza ping?inos, pero las amenazas siguen ah?. Las prodigiosas adaptaciones que han efectuado a lo largo de los siglos se convertir?n en una trampa mortal si el clima del planeta cambia. Unos pocos grados m?s en la Ant?rtida y todo su trabajo evolutivo para adaptarse al fr?o los condenar? a la extinci?n.

Fernando Gonz?lez-Sitges. XL Semanal
Publicado por .AuStRaLiA. @ 11:00  | Otros
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