Lunes, 04 de septiembre de 2006
El perro estaba suelto en la autov?a, solo, desconcertado, esquivando como pod?a los coches que pasaban a toda velocidad. Cuando reaccion?, era tarde. Mientras consideraba el modo de detenerme y sacarlo de all?, lo hab?a dejado atr?s. Estacionar el coche con ese tr?fico era imposible, as? que no tuve m?s remedio que seguir adelante, mirando por el retrovisor, apenado. Algo m?s lejos se lo cont? a una pareja de motoristas la Guardia Civil: kil?metro tal, perro cual. El cabo movi? la cabeza. Nada que hacer, se?or. Ocurre mucho. Adem?s, aunque vayamos a buscarlo, no se dejar? coger. Nos pondr? en peligro a nosotros y a otros autom?viles. Y usted habr?a hecho mal en detenerse. Adem?s, a estas horas se habr? ido, o lo habr?n atropellado. Mala suerte.

Sin duda el guardia ten?a toda la raz?n del mundo, pero yo segu? camino con un extra?o malestar, las manos en el volante y la imagen del perro entre los autom?viles grabada en la cabeza. Su desconcierto y su miedo. Sintiendo, adem?s, una intensa c?lera. Supongo que mientras los automovilistas esquiv?bamos a ese pobre animal de ojos aterrados que no sab?a c?mo franquear las vallas y quitamiedos de la carretera, alg?n miserable regresaba a su casa o segu?a camino de su lugar de vacaciones, satisfecho porque al fin se hab?a quitado de encima al maldito chucho. No es lo mismo un cachorrillo en Navidad, en plan papi, papi, queremos un perrito ?cu?ntos perros condenados a la desgracia por esas palabras?, que uno m?s en la familia al cabo del tiempo: veterinario, vacunas, dos paseos diarios, vacaciones, etc?tera. Entonces la soluci?n es quit?rselo de encima. Posiblemente as? lo decidi? el due?o del perro que estaba en la autov?a: una parada en el arc?n y ah? te pudras. Tambi?n es lo que hizo, tiempo atr?s, un canalla en una gasolinera de la nacional IV: el due?o de una perra color canela a la que no olvidar? en mi vida. Llevo doce a?os escribiendo esta p?gina, y no recuerdo si alguna vez habl? aqu? de ella. Ocurri? hace tiempo, pero lo tengo fresco como si hubiera ocurrido ayer. Y a?n me quema la sangre, porque es de esos asuntos a los que me gustar?a poner un nombre y un apellido para ir y romperle a alguien la cara, aunque eso no suene c?vico. Me da igual. Con chuchos de por medio, lo c?vico me importa una pu?etera mierda. Ning?n ser humano vale lo que valen los sentimientos de un buen perro.

Les cuento. Mientras repostaba en una gasolinera de la carretera de Andaluc?a, una perra color canela se acerc? a olisquear mi coche, y despu?s volvi? a tumbarse a la sombra. Le pregunt? al encargado por ella, y me cont? la historia. Casi un a?o antes, un coche con una familia, matrimonio con ni?os, se hab?a detenido a echar gasolina. Baj? la perra y se puso a corretear por el campo. De pronto la familia subi? al coche y ?ste aceler? por la carretera, dejando a la perra all?. El encargado la vio salir disparada detr?s, dando ladridos pegada al parachoques, y alejarse carretera adelante sin que el conductor se detuviera a recogerla. Al cabo de una hora la vio regresar, exhausta, la lengua fuera y las orejas gachas, gimoteando, y quedarse dando vueltas alrededor de los surtidores de gasolina. De vez en cuando se paraba y aullaba, muy triste. Al encargado le dio tanta pena que le puso agua, y al rato le dio algo de comer. Cada vez que un coche se deten?a en la gasolinera, la perra levantaba las orejas y se acercaba a ver si eran sus amos que volv?an. Pero no volvieron nunca.

La perra se qued? aqu?, contaba el encargado. Mis compa?eros y yo le fuimos dando agua y comida. El due?o nos dej? tenerla, porque vigila por las noches. Adem?s, hace compa??a. Es obediente y cari?osa. Al principio la llam?bamos Canela, pero a una compa?era se le ocurri? que era como la mujer de la canci?n de Serrat, y la llamamos Pen?lope. El caso es que ah? sigue. ?Y sabe usted lo m?s extra?o? Cada vez que llega un coche, la perra se levanta; y en cuanto se para, se asoma dentro a olisquear. Los perros son listos. Tienen buena memoria y m?s lealtad que las personas. F?jese que nosotros la tratamos bien, no le falta de nada y hasta collar antipar?sitos lleva. Pero ella sigue pendiente de la carretera. Los perros piensan, oiga. Casi como las personas. Y ?sta piensa que sus amos vendr?n a buscarla. Cada vez que llega un coche, se acerca a ver si son ellos. Sigue creyendo que volver?n. Por eso lleva tanto tiempo sin moverse de aqu?. Esper?ndolos.

Arturo P?rez-Reverte. SL Semanal

La evoluci?n y la humanidad de la Humanidad (ol?) se mide por el trato a los animales, y m?s si ese animal es un perro.
Publicado por .AuStRaLiA. @ 12:30  | Otros
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