sábado, 16 de septiembre de 2006
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La pintó al final de su vida y, como Leonardo con la Gioconda, no se separó de ella hasta su muerte. Esta obra, vitalista y sensual, es uno de los cuadros cumbres del Barroco y puede contemplarse en la sala 9 del Museo del Prado.

La mujer más bella de Amberes. El rostro de la figura de la izquierda es el de Elena Fourment, segunda esposa del autor. Rubens se casó con ella tras la muerte de su primera mujer, Isabella Brant, cuando Fourment apenas contaba con 16 años. En ella encontró el apoyo, la felicidad y la inspiración necesaria para afrontar la última etapa de su vida. El pintor se prendó de sus formas opulentas, que no se cansó de inmortalizar en sus cuadros. Los rostros y los cuerpos de las otras dos divinidades parecen responder al mismo modelo de Fourment, contemplado desde diversos ángulos: de espaldas y de frente.

Exaltación de la carne. Las Gracias son el epítome del ideal flamenco de belleza femenina, encarnado por mujeres opulentas, de formas exuberantes, con aspecto saludable y piel rosácea. Rubens concede a la mujer su atención principal y, pese a que las protagonistas representan a tres divinidades, el pintor les atribuye un rostro y un cuerpo comunes. Debido a esa naturalidad que aporta a las figuras, a que evita la solemnidad y la frialdad, a que desmitifica la escena y recrea una situación tan verosímil como un baile, el pintor flamenco consigue que la escena resulte creíble.

Factoría Rubens, SA. La cantidad de encargos que constantemente recibía de las cortes europeas empujaron a Rubens a organizar una especie de cadena de montaje para atender la demanda. Sus discípulos trabajaban siguiendo las directrices del maestro, que en ocasiones sólo retocaba la obra. Expertos en paisajes y en la pintura de flores, iniciaban o completaban los lienzos, y algunos de sus colaboradores, como Van Dyck y Jordaens, alcanzaron fama universal. En esta obra, las guirnaldas que cuelgan sobre la cabeza de las Gracias y los ciervos del valle parece que fueron creados por otro autor.

¡Y yo con estos pelos! Las Gracias son tres divinidades de la mitología griega. Hijas de Zeus y la ninfa Eurinome, encarnan la alegría. Compañeras de Afrodita y Eros, Aglae, Eufrosine y Talia presidían los banquetes, las danzas y todas las celebraciones. Al igual que las musas, cantaban a los dioses en el monte Olimpo y otorgaban al artista la habilidad y la genialidad para crear sus obras. Jóvenes y sensuales, llevaban siempre el pelo revuelto a consecuencia de sus continuas danzas.

Iluminación a flor de piel. El color y las manchas que definen a las figuras predominan sobre el dibujo. La pincelada es enérgica y los colores, vivos y cálidos, especialmente en los cuerpos y los cabellos, el cielo y la guirnalda. La luz ilumina el centro de la obra y el paisaje y se oscurece en los bordes para que la atención se centre sobre las figuras, presentadas en un primer plano desmesurado. El paisaje, con los característicos desniveles de Rubens, otorga profundidad al cuadro.

Óscar Medel- XL Semanal

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Pieter Paul Rubens

Pieter Paul Rubens (1577-1640), el artista barroco más cotizado en el mercado de subastas, inició su carrera en Italia, al servicio del duque de Mantua, para el que realizó cuadros y, a la vez, tareas diplomáticas en Europa. En 1609 estableció su taller en Amberes, pero no llegó a abandonar sus labores políticas. El rey español Felipe IV fue su mejor cliente. Las tres Gracias permaneció un siglo oculto por «pecaminoso». Vinculadas por las manos, la mirada y el velo, las divinidades componen un círculo previo al baile e invitan al espectador a integrarse en la escena. Esta obra permaneció siempre junto a Rubens. Tras su muerte fue subastada y adquirida por Felipe IV, que la colgó en una sala del alcázar de Madrid. Durante gran parte del siglo XVIII, la obra estuvo oculta, junto con otros desnudos, por su carácter «pecaminoso». Hoy se exhibe en el Museo del Prado.
Publicado por Desconocido @ 19:00  | Otros
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