Mi?rcoles, 04 de octubre de 2006
Hay criaturas por las que no llorar? cuando suenen las trompetas del Juicio. Ni?os que anuncian desde muy temprano lo que ser?n de mayores. A veces uno est? paseando, o sentado en una terraza, y los ve pasar apuntando en agraz maneras inequ?vocas. Adivinados en ellos la inevitable maruja de sobremesa televisiva ?ayer vi reconciliarse a dos hermanas en directo y ech? literalmente la pota? o la viril mala bestia correspondiente. Dir?n ustedes que ellos no tienen la culpa, etc?tera. Que los padres, la sociedad y todo eso los malean, y tal. Pero qu? quieren que diga. En cuestiones de culpa, denle tiempo a un ni?o y tambi?n ?l tendr? su cuota propia, como la tenemos todos. S?lo es cuesti?n de plazos. De que se cumplan los pasos y rituales que se tienen que cumplir.

El zagal que veo en el restaurante tiene nueve o diez a?os, que ya va siendo edad, y se parece al padre, sentado a su vera: moreno, grandote y vulgar de modos y maneras. La madre pertenece al mismo registro. Todos visten ropa cara, por cierto. Colorida y vistosa. Sobre todo la madre, una especie de Raquel Mosquera vestida de Paulina Rubio y con toquecitos de Bel?n Esteban en el maquillaje y en la parla. La familia ocupa una mesa contigua a la m?a, junto al gran ventanal de un restaurante popular de Calpe, situado junto al puerto. Y al ni?o acaban de traerle calamares a la romana. De no ser porque su ch?chara maleducada, chillona e interminable, a la que asisto impotente desde hace veinte minutos, ya me tiene sobre aviso, la manera en que ahora maneja el tenedor me dejar?a boquiabierto. El peque?o cabr?n ?nueve o diez a?os, insisto? agarra el cubierto al rev?s, con toda la mano cerrada, y clava los calamares a golpes sonoros sobre el plato, como si los apu?alara. Observo discretamente al padre: mastica impasible, bovino, observando satisfecho el buen apetito de su hijo. Luego observo a la madre: tiene la nariz hundida en el plato, perdida en sus pensamientos. Tampoco ser?a dif?cil, me digo, con la edad que tiene ya su puto v?stago, ense?arle a manejar cuchara, cuchillo y tenedor. Pero, tras un vistazo detenido al careto del progenitor, comprendo que, para hacer que un hijo maneje correctamente los cubiertos, primero es necesario creer en la necesidad de manejar correctamente los cubiertos. Y por la expresi?n cenutria del fulano, por su manera de estar, de mirar alrededor y de dirigirse a su mujer cuando le habla, tal af?n no debe de hallarse entre las prioridades urgentes de su vida. En cuanto a la madre, c?mo maneje el cr?o los cubiertos, o c?mo los manejen el padre o el vecino de la mesa de al lado, parece importarle literalmente un huevo.

Tras un eructo infantil jaleado con suma hilaridad por el conjunto familiar ?despu?s de re?r, eso s?, el papi parece amonestarlo en voz baja, a lo que la criatura responde sacando la lengua y poniendo ojos bizcos? llega la paella. Y, tras deleitar al respetable con el uso del tenedor, el indeseable enano exhibe ahora su virtuosismo en el manejo de la cuchara agarrada con toda la mano exactamente junto a la cazoleta, alternando la cosa con tragos sonoros del vaso de cocacola sujeto con ambas manos y vuelto a dejar sobre la mesa con los correspondientes granos de arroz adheridos al vidrio. Tan maleducado, tan grosero como el padre y la madre que lo parieron. Y as? contin?a el dulce infante, a lo suyo, camino de los postres, en esa deliciosa escena espa?ola de fin de semana, una familia m?s, media, entra?able, con su hipoteca, y su tele, y su coche aparcado en la puerta, como todo el mundo. Y yo, que gracias a Dios he terminado, pido mi cuenta, la pago y me levanto mientras pienso que ojal? caiga un rayo y los parta a los tres, y les socarre la paella. Y ustedes dir?n: vaya con el gru??n del Reverte, a ver qu? le importar? a ?l que el ni?o se coma los calamares as? o as?, peazo malaje. A ?l qu? le va ni le viene. Pero es que no estoy pensando en la paella, ni en el restaurante, ni en los golpes del tenedor sobre los calamares. Aunque tambi?n. Lo que pienso, lo que me temo, es que dentro de unos a?os ese peque?o hijo de puta ser? funcionario de Ayuntamiento, o guardia civil de Tr?fico, o general del Ej?rcito, o empleado de El Corte Ingl?s, o juez, o fontanero, o pol?tico, o ministro de Cultura, o redactor del estatuto de la naci?n murciana; y con las mismas maneras con las que ahora se comporta en la mesa, cuando yo caiga en sus manos me va a joder vivo. Por eso hoy me cisco en sus muertos m?s frescos. ?Comprenden? En defensa propia.

Arturo P?rez-Reverte. XL Semanal

Me he acordado de este art?culo porque hoy que conocido a una criatura que me hubiera gustado ser Herodes: maleducado, escandaloso, insoportable... La criaturita casi tira a un chico en la calle mientras su abuela pasaba ol?mpicamente y el ni?o ni echaba una mirada al chico que casi tira. Despu?s en el autob?s se ha dedicado a pisar los asientos con t?midos intentos de su abuela de decirle que se estuviera quieto, pero ni caso el ni?in pisaba con m?s ensa?amiento, con m?s ganas, por joder.

A continuaci?n se ha puesto a dar golpes a la pared del bus con una botella de agua mientras yo le miraba con cara de asesina en serie. ?l me miraba a mi con cara de bobo y lo dejaba pero era volver la cabeza y vuelta a empezar. En fin, ?D?nde est? Herodes cuando se le necesita?
Publicado por .AuStRaLiA. @ 11:50  | Otros
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