Tenía una idea preconcebida de Paul Auster que no se corresponde con la realidad. La verdad, cuando empecé a leer Brooklyn follies no me esperaba algo tan ágil, tan cercano, tan divertido, tan... ¿optimista? Dicen que Auster es el mayor cronista contemporáneo de Nueva York. No se si es el mayor o el mejor, pero sí el más cercano.
Brooklyn follies es un canto a la vida, optimista, incluso dentro de los dramas que cuenta. Aventuras y desventuras de Nathan, un hombre que ha superado un cáncer de pulmón pero que al separarse de su mujer decide volver a sus orígenes con los restos de su matrimonio (el dinero de la casa conyugal), al barrio donde nació y creció, Brooklyn.
La trama y el estilo no pueden ser más sencillitas. En cuanto al argumento Nathan cuenta lo que le pasa a él mismo y a los que le rodean, los problemas de trabajo, salud, dinero y amor. Se centra sobre todo en su sobrino, pero también en su hija, su sobrina y su sobrina-nieta. Otros personajes como el propietario de una librería y su empleado.
Según avanza sus ganas de vivir aumentan y des ser escéptico y desencantado de la primeras páginas evoluciona hacia una persona preocupada por los que le rodean y al final, encuentra una razón para vivir en ellos, en sus problemas para ayudar a superarlos y descubre que quiere seguir viviendo muchos años.
En el medio el relato se mezcla con curiosidades y anécdotas de los escritores más importantes del mundo: desde Poe hasta Kafka todos tienen su pequeña historia y su lugar en Brooklyn follies.
En resumen, libro espléndido, optimista, directo y divertido. Y una curiosidad, el relato comienza en la primavera de 2000 y termina justo el 11 de septiembre de 2001 justo una hora antes de que un avión se estrellara contra la primera torre. Antes de que el mundo volviera a ser una mierda para todos.