Jueves, 18 de enero de 2007
Sus enemigos la tacharon de fr?vola, intrigante, lesbiana y derrochona. Algunas acusaciones eran ciertas; las m?s, falsas. Pero todas ayudaron para que Mar?a Antonieta acabara en la guillotina en 1793. ?Fue tan p?rfida como la pintaron? Varios libros y una nueva pel?cula arrojan luz sobre la reina francesa.

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El destino y la pol?tica la llevaron a Par?s, a la corte m?s lujosa y surrealista del momento. Y su juventud e inexperiencia hicieron el resto.

En mayo de 1770, con s?lo 14 a?os, Mar?a Antonieta Josefa Juana de Habsburgo y Lorena, princesa real de Hungr?a y Bohemia, archiduquesa de Austria, la ?ltima rama de un ?rbol geneal?gico que lleva siglos reinando sobre media Europa, se casa con el heredero al trono franc?s, el futuro Luis XVI. No es una boda por amor; es la r?brica de la reci?n gestada alianza entre la Francia de los Borbones y el imperio austriaco de los Habsburgo.

Con su matrimonio, la decimoquinta hija del emperador Francisco I renuncia a sus derechos din?sticos, abandona Viena y se traslada a un nuevo y desconocido hogar. Demasiado pronto para una ni?a presumida e inquieta que s?lo sabe bailar y cantar; muy apresurado para una joven que a?n no ha aprendido a ser reina.

Mar?a Teresa, la prudente emperatriz austriaca, conoce muy bien a su hija: ?Temo mucho su excesiva juventud, la demas?a de lisonjas en torno suyo, su pereza y su falta de gusto por toda actividad seria?. Tambi?n sabe que Versalles es un lugar peligroso. Que su lujo esconde un nido de intrigantes y de aduladores a la caza del favor real. Que all? una sonrisa galante o un minu? bien ejecutado sustituye a la pol?tica.

La joven heredera vive esos a?os en una jaula dorada, sorda a los buenos consejos y de espaldas a una Francia que no conoce y que empieza a sacudirse inquieta, aunque la revoluci?n es algo todav?a impensable. Cuando visita Par?s por primera vez, tres a?os despu?s de su boda, es aclamada por una fervorosa multitud que se agolpa para ver a su futura reina. ?Lo que m?s me ha impresionado es la ternura y el ardor del pueblo, que se sent?a transportado de alegr?a al vernos. Nada hay tan precioso: lo he comprendido bien y jam?s he de olvidarlo?, le escribe a su madre. Pero la memoria no es su fuerte.

Lo que de verdad le gusta a Mar?a Antonieta es pas?rselo bien, ser el centro de todas las miradas, lucir sus trajes por los resplandecientes salones y brillar en las fiestas. Lo dem?s le importa poco. Su marido es un tipo soso y torp?n que se pasa el d?a cazando, se va a dormir pronto y tarda siete a?os en consumar el matrimonio. Esta situaci?n no cambia en absoluto cuando, en 1774, muere Luis XV y el delf?n sube al trono. Mar?a Antonieta ya es reina y, para ella, eso significa ser la mujer m?s radiante, la estrella indiscutible de toda Francia. La decisi?n m?s trascendental del d?a es elegir entre sus miles de vestidos, enjoyarse y maquillarse a juego y llevar el peinado m?s llamativo. Las facturas vuelan a la tesorer?a con la palabra que m?s usa la reina estampada junto a su firma: ?P?guese?.

Pero incluso rodeada de todos los caprichos imaginables, Versalles le parece a la reina un sitio demasiado estirado, lleno de viejos arist?cratas pesados y pomposos. As? que pide a su marido que le ceda un palacete para organizar sus fiestas. Luis accede a sus deseos. En Trian?n re?ne a sus j?venes amigos, los nobles descerebrados del pa?s, en juergas que duran hasta el amanecer. La reina se rodea de una nueva camarilla, elegida por el ?nico talento de hacerla re?r, y reparte cargos y sueldos a diestro y siniestro. La vieja aristocracia se siente dejada de lado y reniega de la austriaca. Y el pueblo comienza a murmurar.

Cuando la situaci?n de las finanzas del Reino se hace insostenible, los nobles se al?an con la burgues?a para cambiar las cosas. Los rumores envenenados contra la reina se disparan y las acusaciones m?s incre?bles hallan eco en el pueblo. Mar?a Antonieta es acusada de mantener relaciones ad?lteras con hombres y mujeres, de despilfarrar a?n m?s de lo que en realidad hace, de embarcarse en org?as. Las malas lenguas la convierten en la mujer m?s lasciva y depravada de la historia.

Las acusaciones llegan justo cuando a la reina se le cae la venda de los ojos y descubre el mundo que palpita al otro lado de las verjas de Trian?n; tambi?n cuando nacen los ansiados hijos, entre ellos el delf?n, en 1781. Se acaban las fiestas, las noches en blanco, los derroches. La reina descubre una nueva forma de felicidad jugando con sus hijos, se relaja y, por primera vez, es consciente de que su cargo implica algo m?s que bailes y pelucas empolvadas. Pero la maquinaria de la Revoluci?n ya est? en marcha y no hay quien la detenga.

La convocatoria de los Estados Generales, una reuni?n de representantes de la nobleza, el clero y el pueblo llano, tiene, en principio, la intenci?n de solucionar la dif?cil situaci?n econ?mica del pa?s. Pero el pueblo quiere m?s, la burgues?a quiere m?s, los conspiradores de la nobleza quieren m?s. Los acontecimientos se suceden a una velocidad de v?rtigo. Es el inicio de la Revoluci?n.

El 14 de julio de 1789 se produce el asalto a la Bastilla, y el 1 de octubre, una multitud enfurecida se dirige a Versalles. La familia real es trasladada a Par?s, al palacio de las Tuller?as. En realidad son prisioneros, pero a?n se guardan las apariencias. Se promulga una Constituci?n que el rey acata, pero no es suficiente. Los monarcas temen por su vida e intentan huir. Fracasan, y con ello aceleran la firma de su sentencia de muerte.

Presionada por el avance de los radicales y los republicanos, que cada d?a son m?s numerosos e influyentes, y atrapada por la indecisi?n de su marido, Mar?a Antonieta se conjura para salvar la monarqu?a y la vida de su familia. Para lograrlo, se embarca en una tr?gica novela de esp?as, con mensajes cifrados, sobornos y llamadas de socorro al mundo. Pero hay poca gente en Francia dispuesta a ayudarla y las casas reales de Europa, preocupadas por sacar tajada territorial de la revuelta, se desentienden.

La Revoluci?n avanza a ritmo de tambor y el tiempo se acaba. La reina es acusada por los mil peri?dicos y libelos que vuelan por Par?s de buscar un ba?o de sangre, de conspirar para aplastar al pueblo. Llega el asalto a las Tuller?as y la reina ve cuchillos apunt?ndole al cuello. Nuevo traslado; ahora, a la fortaleza del Temple. Por la seguridad de la familia real, s?, pero tambi?n para impedir cualquier contacto con el exterior. La reina, separada de su marido y sus hijos, sabe que el tiempo de la pol?tica ya pas? y que s?lo le queda la dignidad.

Luis XVI, despojado de la corona y reducido a Luis Capeto, ciudadano, es ejecutado el 21 de enero de 1793. Mar?a Antonieta es llevada a la prisi?n de la Conserjer?a, la antec?mara de la guillotina, en agosto de ese mismo a?o.

La tr?gica segunda parte de su vida, condensada en los pocos meses que median entre su ca?da en desgracia y su decapitaci?n, nos descubren a una nueva Mar?a Antonieta: inteligente y prudente, pero decidida, valerosa, trabajadora y reflexiva, dispuesta a cualquier humillaci?n con tal de salvar a sus hijos. Su magnetismo personal, su combinaci?n de cortes?a y orgullo hace mella en sus guardianes: no es la bruja lasciva que les han vendido; es una madre que irradia dignidad por los cuatro costados.

El juicio contra la reina, en un Par?s sumido en el terror de la Comuna, arranca en octubre. Las acusaciones, a cual m?s burda, se amontonan. Entre ellas, una especialmente dolorosa: su ?nico hijo var?n vivo afirma que su madre le ha forzado a mantener relaciones incestuosas. La reina resiste: ?La naturaleza se niega a responder a semejante acusaci?n hecha a una madre. Apelo a todas las que puedan encontrarse aqu??. El p?blico guarda silencio. El mismo con que Mar?a Antonieta recibe la sentencia de muerte.

Al d?a siguiente, una carreta rodeada por la turbamulta la conduce al cadalso. La cuchilla cae; la loba ha muerto. El espect?culo ha terminado, pero la Revoluci?n sigue. M?s r?pido, m?s sangre, m?s cabezas. La monarqu?a es el pasado y hay que seguir avanzando en una carrera que terminar? casi donde empez?, en 1814 y con la coronaci?n del conde de Provenza, hermano del rey decapitado.

En su ?ltima carta, el ?azote y sanguijuela de los franceses?, como se lee en el acta de acusaci?n, perdona a sus enemigos, reclama el perd?n de Dios y se despide de sus hijos: ??C?mo desgarra el alma dejaros para siempre!?. Poco quedaba en ella de la alocada ni?a que lleg? a Versalles. Perdidas la inocencia y la corona, luch? hasta el final por su dignidad. Eso, al menos, hay que reconoc?rselo.

Rodrigo Padilla-XL Semanal

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De exc?ntrica princesa del rococ?

La joven Mar?a Antonieta es impulsiva e irreflexiva. La noche y las fiestas son su h?bitat. All?, y no en las tareas de Estado, es donde destaca.

UN ?NGEL EXTERMINADOR

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Con 17 a?os, una esbelta Mar?a Antonieta de piel p?lida y angelicales ojos azules se instala en Versalles. Su llegada supuso una conmoci?n y un cambio radical en la vida de palacio. Los viejos arist?cratas son apartados; una generaci?n de nobles alocados, amigos de la futura reina, los sustituyen.

MATRIMONIO DE CONVENIENCIA

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Pese a que su boda es un contrato entre familias y a que Luis XVI tarda siete a?os en darle descendencia, los c?nyuges se llevan bien, se respetan y aprecian. En parte, porque ?l es un dechado de sosiego y, en parte, porque ella logra de ?l lo que quiere; sobre todo, libertad.

LA REINA? DE LA FIESTA

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En el palacio de Trian?n, junto a Versalles, Mar?a Antonieta re?ne a sus amigos. Es un refugio tan privado que hasta Luis XVI tiene que pedir permiso para entrar. La reina se gasta una fortuna para decorarlo y celebrar all? sus interminables fiestas.

MADRE Y MODELO

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El nacimiento de sus cuatro hijos la transforma. Deja las fiestas y a su camarilla, y emplea su tiempo en asuntos de Estado y en atender a los infantes Mar?a Teresa Carlota, Luis Jos?, Luis Carlos y Sof?a Beatriz.

? a reina de la dignidad en la c?rcel

AU REVOIR A LOS DELFINES

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Tras su traslado de Versalles a Par?s, la familia real pierde sus privilegios. Mar?a Antonieta, muy envejecida, lucha por salvar la monarqu?a y a los suyos, hasta que la separan de su marido y sus hijos.

FOTO-FINISH

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Atada y sentada en la carreta que la lleva al cadalso, lucha por conservar la dignidad. Este boceto es la ?ltima imagen de la monarca viva.

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Tras un juicio que la convierte en diana de las m?s disparata das calumnias, muere guillotinada. Es el 16 de octubre de 1793. Tras mostrar su cabeza reci?n cortada a la plebe, los verdugos la entierran en una fosa com?n.

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Tres reinas por un d?a

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KIRSTEN DUNST
Pompa y lujo a ritmo de rock


Sofia Coppola ha elegido a esta actriz, con quien ya trabaj? en su cinta de debut, las v?rgenes suicidas, para trazar el nuevo retrato de la reina francesa. estrenada en Cannes, la cr?tica ha recibido la pel?cula con frialdad.

MICHELE MORGAN
Retrato hist?rico en franc?s


En Marie Antoniette (1956), esta actriz francesa con s?lo cuatro pel?culas en su filmograf?a fue la protagonista. La dirigi? Jean Delannoy, un autor especializado en producciones hist?ricas.

NORMA SHEARER
Con este papel, roz? el Oscar


Hollywood compuso en 1938 la primera Marie Antoniette. La dirigi? W. S. Van Dyck, y Shearer, que gan? un Oscar por La divorciada, comparti? cartel con Tyrone Power y John Barrymore.
Publicado por .AuStRaLiA. @ 11:55  | Otros
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