- ¡Montana! ¿te has fijado alguna vez en esto? ¿eh? mejor que los campos de trigo...
- ¿Alguna vez has visto un campo de trigo?
- ???*/$·"@|~@#~@#~€¬¿¿¿. ¿Qué hay que ver? sólo es trigo...
Conversación ayer en CSI NY entre Danny y Lindsay que me encantó. A lo mejor porque yo el ser de pueblo no lo cambio por nada y anoche me costó dormirme. El capítulo fue de relleno, quedan dos para el final, la cosa está interesante así que el de ayer fue una transición pero no se me ocurre otra explicación de porque dormí tan mal anoche que que me llegó al alma.
Me acordé de cosas que no cambiaría nunca por nada como hablar con las vacas (en serio, les hacía muuu y me contestaban

, más majas) lo de pescar ranas y meter la pata en la laguna y tirarte una tarde entera oliendo a muerto tampoco tiene precio, ni las tardes muertas haciendo cajas para las cebollas, ni comer patatas o asados hechos en la cocina de leña (aunque creo que mis padres no comparten esta opinión), ni ver salir a los pollitos del huevo, ni que las gallinas asesinas te agredan, ni dar el biberón a un cordero (aunque después te lo comas), ni beber leche de vaca de verdad de la buena, nada de tetra bricks ni ostias (como eché de menos el sabor cuando me fui a vivir a Valladolid).
Todo esto sin contar con las vecindades: tirarse piedas e insultar a los chicos del pueblos de al lado, invitar a jugar al beisbol a las chicas colindantes y hacerles una trampas que no se las creía ni el más tonto (ese día me salieron unas ampollas gigantes en los pies y me quedé afónica, pero ganamos), las excursiones en bicio por los pueblos de alrededor y acabar tan reventada que no podía mover el culo en una semana. Saltarte la tapia del patio del colegio y estar en casa, que tu hermana te deje en la puta calle porque se asustó de una mosca y cerró la puerta de casas porque esa es otra, las puertas de par en par. Escalabrarte con la bici y que te cure la vecina porque tu eres un desastre que estás hecha un mapa y tu madre si te pilla encima te mata.
También hacíamos excursiones en el colegio al prado para ver a las vacas y la flora y la fauna, aunque eramos más fauna nosotros que nada. Pero sobre todo los amigos del colegio, la gente con la que tirabas las horas muertas haciendo el tonto los sábados y los domingos, con los salías a pedir cuando llegaba Carnaval, con los que te agarraste el primer pedal de tu vida de la manera más tonta (tenía 8 años, estaba con una amiga en el bar de sus padres, solas, claro, y nos dio por probar todo lo que había).
No digo que las infancias en las ciudades antes fueran malas (ahora son una mierda) pero en un pueblo hacías lo que te daba la gana: mi madre nunca fue a llevarme al cole iba yo sola, cuando me mandaba pa' casa se asomaba por la tapia del corral, me pegaba una voz y tocaba irme (que mal me sentaba). Además, mi pueblo es pequeño, pequeño, no llega a los 700 habitantes y hasta los 14 años estuve oliendo a establo, pero no lo cambio por nada en el mundo.
Ayer, la víctima también era de pueblo, una chica que había ido a una gran ciudad para cumplir su sueño. Me acuerdo de la primera vez que pisé Madrid, de que me quedé boba, pero me acuerdo sobre todo de Londres y de lo que estuve pensando los días que estuve allí. Me sentía pequeña, muy pequeña, '¿qué pinto yo aquí si soy de pueblo?' sobre todo cuando salimos por la noche, y cuando volvimos al fin de semana siguiente y llegamos al Saint James, un hotel de cuatro estrellas cerca de Hyde Park y vinieron los botonos a cogernos las maletas yo seguía pensando lo mismo. Creo que lo seguiré pensando cada vez que pise una gran ciudad.