CSI volvó a Telecinco y arrasó. Con 6 millones de espectadores en el primer capítulo y más de 5 en el segundo se convirtió en el segundo programa más visto del lunes por detrás de Camera Café.
Deseosos estaban ya alguno de que volviera el auténtico, a pesar de que se nota un cierto cansancio la serie sigue brillando e, incluso, introduciendo algunos elementos nuevos, más propios de Miami, como las pantallas partidas y la solapación de casos de uno a otro de manera ágil y rápida.
En si, los casos no tenían mucho allá, quizá algo mejor el primer capítulo que el segundo pero sin mucha diferencia. Lo mejor, el mosqueo de Cath, que cada día me cae mejor, porque Warrik se ha casado (que envididia tenemos todas, bueno yo no que no soy celosa) y el trauma que tiene el pobre Nick (gafe oficial) con los bichos después de ese superfin de temporada dirigida por Tarantino.
Al fin y al cabo, resumiendo, debería pasar algo muy gordo para que Telecinco no pudiera echarse a dormir con total seguridad los lunes y que perdiera su supremacía. Esto debería enseñar a esa televisión que no sólo de realities vive el hombre.