Formato fracés para la televisión totalmente revolucionario en el que son los ciudadanos los que preguntas a los políticos, directamente, sin intermediarios, ni periodistas ni otros políticos. Y los dejan en bragas.
Ayer, Zapatero, hay que reconocerlo, se fue haciendo con el ritmo a medida que avanzaba el programa. Pero dejó muchas cosas al descubierto. Primero, que de lo que se está hablando todos los días mientras se tiran los trastos a la cabeza no interesa tanto (hubo preguntas sobre terrorismo y política de ahí salió el titular del día: El Gobierno ve indicios de ilegalidad en la nueva formación de izquierda abertxale) pero también se preguntó por inmigración, política social, pensiones, vivienda, juventud, trabajo...
Segundo, que los políticos están a años luz de los ciudadanos. Le preguntaron que cuanto valía un café y dijo que 80 céntimos, no creo que mintiera, pero me da que no toma café más que en el congreso. Yo no conozco ningún sitio en Valladolid en el que baje del euro.
Y tercero, se enrolló como una persiana, menos mal que ahí estaba Lorenzo para controlar el tiempo. A ver si aprenden a responder a lo que se les pregunta, directamente sin irse por las ramas, a reconocer errores y a cortar cuando se pasa.
El programa estuvo bien, es una buena idea. A ver que pasa con Rajoy porque si es raro oir hablar a Zapatero de política social ya veremos a Rajoy. Supongo que habrá tomado nota y que por lo menos no se enrrollará tanto hablando.
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