lunes, 24 de diciembre de 2007
Una madre ex-alcohólica, un ex-dogradicto, un delincuente juvenil, una ex vedette caída en el olvido y una adolescente bastante ligera... suena a dramón pero no. El mérito de Aída es crear el humor más bestial, más directo y más ácido de la historia de la televisión a partir de unos personajes que apuntan al drama.



Por eso me hacen gracia reacciones como esta, en la que un inmigrante se da por ofendido por culpa de los últimos capítulos. Recuerdo más colectivos revolucionados por culpa de esta serie, en concreto de los enanos, pero también podrían darse por ofendidos, los de derechas, las putas, los gays, los drogadictos, los alcohólicos, los de izquierdas... y hasta los quiosqueros.

Nunca he entendido porque se arma tanto revuelo. Partimos de la base de que es una serie y por lo tanto es ficción. No creo que nadie se tome Aída en serio, creo que la gente que ve esta serie huye de la corrección política que se ha puesto tan de moda en todo en los últimos tiempos. Se ríe de todo, y por lo tanto no debería ofender a nadie, es de estúpidos decir que se mete y deja mal a los inmigrantes porque el personaje facha e inculto de la serie llama Machu Pichu a uno de sus camareros.

Discriminar es quejarse por eso, hacer anormal algo que no lo es, que dentro de la serie se toma por usual, al fin y al cabo también se ríen de los pueblerinos, de las señoras de la limpieza, de los parados, de los tenderos... Querer destacar algo que no es destacable porque entra dentro de la dinámica de la serie, es discriminar, querer ser diferente al resto de colectivos con los que se hace gracia. Y a estas alturas no hay oficio o condición que estén libres de acabar dentro de Aída.

Y la promo de este año, no se como definirla, bueno sí, cojonuda.


Publicado por Desconocido @ 14:00  | Cine y TV
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