Durante el primer tiempo, Sindelar burreó a los alemanes, pero cuando
llegaba la hora de marcar, tiraba la pelota fuera y volvía a su campo
meneando la cabeza como desencantado. En el segundo tiempo, se hartó de
la pantomima y empezó a bailar con el balón. Un regate por aquí, un
sombrero por allá y un gol de vaselina. Su celebración levantó
ampollas. Sindelar se situó frente al palco y, ante la mirada furiosa
de las autoridades nazis, se marcó una danza interpretada como una
deshonrosa ofensa. El artículo completo.