Me parece curioso, simplemente. Es una de esas cosas que salen en las películas de desgracias y bichos asesinos de los sábados por la tarde.

Resulta que unos científicos de una expedición a las Bahamas encontraron a más de 600 metros de profundidad unas bolas cubiertas de barro de dos centímetros y medio de diámetro que no tenían ni ojos, ni cerebro ni nada.
Un descubrimiento.
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